domingo, 22 de noviembre de 2015

YO NO ME COMPRARÍA UNA CASA EN LAS BAHAMAS

Hoy, que hace frío, que es domingo, que todavía estamos ¡a estas horas!, en zapatillas, con la calefacción en marcha, y el periódico en las manos (La amenaza del terrorismo paraliza la capital de Europa, La deriva soberanista provoca la fuga de empresas de Cataluña, El Barça humilla al Madrid) otra vez Álex Grijelmo nos recuerda cómo usar el condicional. Atentos:

LA PUNTA DE LA LENGUA
El condicional electoral
Ese tiempo que traviste conjeturas como noticias es precisamente el adecuado para las promesas de los partidos

Tenemos un lío en los diarios con el condicional. Se usa cuando no se debe, y no se usa cuando se debe.

Sabida es la tendencia de los periodistas a ampararse en ese tiempo verbal cuando no están seguros de algo, situación en la cual harían mejor en confirmar la noticia... o callársela; sin olvidar la posibilidad de atribuírsela a una fuente fiable (“la policía sospecha que el concejal delinquió”, en vez de “el concejal habría delinquido”). Y ahora observamos, en contraste con ese abuso, la cicatería con que se administra el condicional cuando corresponde usarlo para informar sobre los deseos de candidatos y partidos. Así, han sido vistos merodeando por páginas y ciberpáginas titulares como “Ciudadanos suprimirá el Senado” o “El PSOE desmontará todas las reformas judiciales del PP”.

Con ellos se da por cierto que tales proyectos se harán realidad, o que al menos el periodista confía mucho al respecto. Y si ya se ha comprobado lo difícil que resulta cumplir las promesas cuando se han ganado las elecciones, más deberíamos desconfiar si todavía ni siquiera se han celebrado.

Ese condicional tan profanado para travestir conjeturas como noticias (por ejemplo, “el alcalde tendría una cuenta en Andorra”) es precisamente el adecuado para su uso cuando se trata de promesas electorales. Por tanto, disponemos de él para escribir bien “Ciudadanos suprimiría el Senado” o “el PSOE desmontaría todas las reformas judiciales del PP”.

En una oración como “el alcalde tendría una cuenta en Andorra” no contamos con muchos datos para imaginar la relación entre la condición y el condicional. ¿Tendría el alcalde una cuenta si la tuviera? ¿Tendría una cuenta si todo fuera legal? ¿La tendría si le hiciéramos entre todos una transferencia? ¿Creemos que la tendrá en el futuro o que quizás la tiene en el presente?

En cambio, si escribimos “Ciudadanos suprimiría el Senado” deduciremos con claridad el contexto que nos falta: “… si ganara las elecciones”. Porque, como explica la Gramática de la Academia (página 1784), en las oraciones condicionales “el contexto hipotético del que se habla no siempre está verbalizado”. En el caso de decir “yo me compraría una casa en las Bahamas”, ya se entiende que lo haría si pudiera. Y en ese caso, alguien que me haya oído puede a su vez asegurar que yo tendría una casa en las Bahamas, significado verbal que no equivale al que se pretende con “el alcalde tendría una cuenta en Andorra”.


Con ese “tendría” sobre la supuesta cuenta se nos quiere decir que el alcalde la tiene… o que quizás no, porque no se sabe con certeza. Mientras que con mi casa en las Bahamas queda claro que no la tengo. De hecho, ahora mismo ni siquiera sé muy bien dónde están realmente las Bahamas.