sábado, 13 de febrero de 2016

MEJOR DECIR




ARCHISÍLABOS
MEJOR DECIR…
desvalorización
devaluación
actuaciones
acciones
contratación
contrato
motorizaciones
motores
incrementación, incremento
aumento
ascensión
ascenso
compartimentalización
compartimentación
clientelización
clientelismo
equitatividad
equidad
variabilidad
variación
unitariedad
unidad
confortabilidad
confort
marginalidad
marginación
excepcionalidad
excepción
funcionalidad
función
literalidad
letra
transitoriedad
transición
vertiginosidad
vértigo
dimensionalidad
dimensión
intermodalidad
¡NI LO DIGO!
diferencial
diferente
vibracionales
vibratorias
nutricional
nutritivo
inspiracionales
inspiradores
capturar
captar
sumarizar
resumir
expansionar
expandir, ensanchar
diferenciar
distinguir
uniformizar
uniformar
residualizar
restar, quedar, dejar
conceptualizar
concebir
distensionar
distender
concretizado
concretado
continuado
continuo
regionalizado
regional
territorializadas
territoriales
generalizado
generales
personalizados
personales
procedimentalizado
procedimiento
medicalizarnos
medicarnos
medicalizados
medicados
determinativo
determinante
derivativo
derivado
continuadamente
continuamente
individualizadamente
individualmente


LAS PALABRAS LARGAS NO NOS HACEN MEJORES HABLANTES

Aurelio Arteta, que es catedrático de Filosofía Política de la Universidad del País Vasco, nos tiene acostumbrados a sus artículos sobre el uso y abuso de las palabras largas (¡Al rico archisílabo, oiga!, Dilo en archisílabos y La moda del archisílabo). Este es el último que escribe en El País de hoy sábado. Leamos:
Penúltimos archisílabos

Son tantos y tan graves los problemas públicos que nos acucian, que prestar atención a un fenómeno lingüístico caracterizado por alargamiento innecesario de las palabras suena a frivolidad impropia del buen ciudadano

Ya lo advirtió Horacio. Fue al elogiar en su Arte poética a quienes evitaban las “palabras ampulosas y rimbombantes”, y a las que llamó sesquipedalia verba por medir “un pie y medio” de largo. Como quizá algunos lectores recuerden, aquí las he bautizado como archisílabos y aventuré que ese gusto por el alargamiento innecesario —aunque no siempre incorrecto— responde al probable afán de sobresalir de los demás. Un gusto contagioso, sin duda.

No vayan a pensar entonces que, el silenciarlos desde hace un par de años, denote un decaimiento en el uso y abuso de estos vocablos que coleccionamos. Lo que pasa es que son tantos y tan graves los problemas públicos que nos acucian, que prestar atención a este fenómeno lingüístico suena a frivolidad impropia del buen ciudadano. Craso error. El ciudadano es antes que nada un hablante y, por alejados que parezcan, la calidad del uno dice mucho también de la calidad del otro. A la postre, ambas figuras pueden incurrir en parecido empobrecimiento o indiferencia ante el deterioro de lo común.

Al hilo de ciertos prefijos y sufijos, y ahorrándonos los centenares de torpes polisílabos recogidos en ocasiones pasadas, entremos de nuevo en materia. Por ejemplo, en aquellos que pretenden subrayar la diferencia entre un acto y su proceso de llevarlo a cabo. ¿Quién no ha oído hablar de esa desvalorización que equivale a una devaluación? ¿Acaso no es cierto que la autoridad se ejerce mediante actuaciones en vez de por acciones? Una contratación administrativa goza de mayor empaque que un mero contrato, dónde va a parar, y los fabricantes de automóviles se enorgullecen de exhibir sus variadas motorizaciones (o sea, sus motores). Si va usted para locutor, elija siempre incrementación o incremento, sea de los accidentes de tráfico o de los precios, y nunca su aumento. Causa perplejidad conocer que una banda musical está en ascensión, y no en ascenso, pero las cosas se complican cuando la compartimentación desemboca en el trabalenguas de la compartimentalización o el clientelismo engendra la clientelización.

Habrán observado asimismo que la notable afición a destacar la cualidad abstracta de las cosas lleva a menudo a sustituir la cosa misma por ese rasgo abstracto que encarna. De modo que la equidad de un acto equitativo acaba trocándose en equitatividad, y la variación deja paso a la variabilidad. Por esa misma ley no escrita, la unitariedad se impone sobre la unidad, lo mismo que preferimos la confortabilidad del sillón a su confort o el precario estado de marginalidad al de marginación. Una excepción a la regla se cita como excepcionalidad. En cuanto algún aparato cumple una función, el experto sentencia que posee funcionalidad. Un ilustre abogado sugiere someterse no tanto a la letra, sino más bien a la literalidad de la ley. Y ciertos políticos proponen ahora una ley de transitoriedad jurídica, es de suponer que para perfeccionar la mera transición. El vértigo es ocupado por la vertiginosidad, igual que la dimensionalidad arrincona a la más simple dimensión. Eso sí, no me pregunten por el significado de la intermodalidad, que hasta ahí no llego.

En el vergonzante empeño por que nuestro lenguaje cotidiano se transforme en spanglish, procuremos que lo diferente alcance siempre el grado de diferencial y no hagamos ascos al comunicacional ni al conversacional. Las ondas vibratorias de toda la vida deben bautizarse como vibracionales, en una operación parecida a la de denominar componente nutricional a lo que calificábamos de nutritivo. Me cuesta adjudicar sentido al novedoso reputacional, pero doy fe de que una solicitada revista femenina se refería en portada a modelos inspiracionales a falta de inspiradores...

Si venimos a algunos verbos afectados por esta manía de crecimiento, ahí está ese reciente uso de capturar, también de cuna inglesa, que ha desbancado a nuestro captar o, del mismo origen, el sumarizar con la pretensión de resumir. (He ahí otra prueba —perdón, evidencia de colonialismo lingüístico). Cuando nos servimos en exclusiva del expansionar, confesamos haber olvidado el expandir o ensanchar; y quizá recuerden que hubo un tiempo en que decíamos distinguir para lo que hoy se oye siempre como diferenciar. El ambiente nos arrastra a uniformizar lo que sea, y no ya a uniformar. Con lo fácil que resulta restar, quedar o dejar, triunfa sin embargo el mayor prestigio de residualizar. Renunciemos, pues, al esfuerzo de concebir para suplirlo por el conceptualizar, mientras se le pide a distender que deje paso al más prolongado distensionar. La masiva ignorancia del latín y griego por estos lares, y con ella de tantas raíces de nuestro léxico, trae estos excelentes resultados. Ignoro si sectarizar es portarse como un sectario o cortar algo (o a alguien) en secciones, y no les digo cuánto me asusta esa nueva hornada de verbos fantasmales y horrísonos como despatologizar, fronterizar, efectivizar o desnegativizar...

Participios y adjetivos tampoco se libran de estas cirugías verbales del momento. Ya sabemos que lo concreto o concretado ha pasado a ser concretizado, lo continuo se transforma en continuado y una situación parece mucho más convulsa si está convulsionada. En paralelo a nuestra práctica política, lo que antes era regional ha sido regionalizado y las cuentas territoriales dan en territorializadas. Ciertas medidas públicas no es que sean generales, sino que se han generalizado, lo mismo que tantos servicios privados ya no son personales sino incluso personalizados. La creación de empleo se ha desestacionalizado al no depender ya de la estación del año. Deseosos de atenernos al procedimiento, pronto llegamos a lo procedimental y acabamos dejando todo bien procedimentalizado. Y no me negarán que, a la menor dolencia, corremos a medicalizarnos en lugar de a medicarnos y a quedar así, más que medicados, medicalizados.

Los muchos adictos a los archisílabos muestran su predilección por lo determinativo, cuando están buscando lo determinante, así como por lo derivativo más que por el vulgar derivado o por una noticia excitativa en lugar de excitante. Uno, que no estudió filología (como ya se habrá notado), se andaría con cuidado con los limitativo, manipulativo, integrativo o investigativo por más que la Academia los bendiga. Entretanto, el pedante disfrutará archisilabeando a su antojo unos cuantos adverbios de modo. Ahí nos esperan continuadamente, por continuamente, o individualizadamente, por individualmente, entre otros.


¿Me permitirán entonces despedirme una vez más con las ideas de un viejo maestro? Pues Chesterton nos dejó dicho que “las palabras cortas han de tener un significado, pero las palabras largas a veces pueden no significar nada literalmente...”.