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martes, 13 de febrero de 2018

LOPE LO DICE CASI MEJOR QUE TODOS

Desmayarse, atreverse, estar furioso,
áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde y animoso;

no hallar fuera del bien centro y reposo, 
mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,
enojado, valiente, fugitivo,
satisfecho, ofendido, receloso;

huir el rostro al claro desengaño,
beber veneno por licor süave,
olvidar el provecho, amar el daño;

creer que un cielo en un infierno cabe,
dar la vida y el alma a un desengaño;
esto es amor, quien lo probó lo sabe.

domingo, 14 de enero de 2018

DIEZ AÑOS SIN ÁNGEL GONZÁLEZ

Siempre lo que quieras

Cuando tengas dinero regálame un anillo.
cuando no tengas nada dame una esquina de tu boca,
cuando no sepas qué hacer, vente conmigo,
pero luego no digas que no sabes lo que haces.

Haces haces de leña en las mañanas
y se vuelven flores en tus brazos.
Yo te sostengo asida por los pétalos,
como te muevas te arrancaré el aroma.

Pero ya te lo dije:
cuando quieras marcharte ésta es la puerta:
se llama Ángel y conduce al llanto.

domingo, 7 de enero de 2018

CAMPOS DE SORIA EN CASTELLANA TIERRA DE ANTONIO MACHADO

I 

Es la tierra de Soria árida y fría. 
Por las colinas y las sierras calvas, 
verdes pradillos, cerros cenicientos, 
la primavera pasa 
dejando entre las hierbas olorosas 
sus diminutas margaritas blancas. 

La tierra no revive, el campo sueña. 
Al empezar abril está nevada 
la espalda del Moncayo; 
el caminante lleva en su bufanda 
envueltos cuello y boca, y los pastores 
pasan cubiertos con sus luengas capas. 

II 

Las tierras labrantías, 
como retazos de estameñas pardas, 
el huertecillo, el abejar, los trozos 
de verde obscuro en que el merino pasta, 
entre plomizos peñascales, siembran 
el sueño alegre de infantil Arcadia. 

En los chopos lejanos del camino, 
parecen humear las yertas ramas 
como un glauco vapor ?las nuevas hojas? 
y en las quiebras de valles y barrancas 
blanquean los zarzales florecidos, 
y brotan las violetas perfumadas. 

III 

Es el campo undulado, y los caminos 
ya ocultan los viajeros que cabalgan 
en pardos borriquillos, 
ya al fondo de la tarde arrebolada 
elevan las plebeyas figurillas, 
que el lienzo de oro del ocaso manchan. 

Mas si trepáis a un cerro y veis el campo 
desde los picos donde habita el águila, 
son tornasoles de carmín y acero, 
llanos plomizos, lomas plateadas, 
circuidos por montes de violeta, 
con las cumbres de nieve sonrosado. 

IV 

¡Las figuras del campo sobre el cielo! 

Dos lentos bueyes aran 
en un alcor, cuando el otoño empieza, 
y entre las negras testas doblegadas 
bajo el pesado yugo, 
pende un cesto de juncos y retama, 
que es la cuna de un niño; 

y tras la yunta marcha 
un hombre que se inclina hacia la tierra, 
y una mujer que en las abiertas zanjas 
arroja la semilla. 

Bajo una nube de carmín y llama, 
en el oro fluido y verdinoso 
del poniente, las sombras se agigantan. 

V 

La nieve. En el mesón al campo abierto 
se ve el hogar donde la leña humea 
y la olla al hervir borbollonea. 

El cierzo corre por el campo yerto, 
alborotando en blancos torbellinos 
la nieve silenciosa. 

La nieve sobre el campo y los caminos, 
cayendo está como sobre una fosa. 

Un viejo acurrucado tiembla y tose 
cerca del fuego; su mechón de lana 
la vieja hila, y una niña cose 
verde ribete a su estameña grana. 

Padres los viejos son de un arriero 
que caminó sobre la blanca tierra, 
y una noche perdió ruta y sendero, 
y se enterró en las nieves de la sierra. 

En torno al fuego hay un lugar vacío 
y en la frente del viejo, de hosco ceño, 
como un tachón sombrío 
?tal el golpe de un hacha sobre un leño?. 

La vieja mira al campo, cual si oyera 
pasos sobre la nieve. Nadie pasa. 

Desierta la vecina carretera, 
desierto el campo en torno de la casa. 

La niña piensa que en los verdes prados 
ha de correr con otras doncellitas 
en los días azules y dorados, 
cuando crecen las blancas margaritas. 

VI 

¡Soria fría, Soria pura, 
cabeza de Extremadura, 
con su castillo guerrero 
arruinado, sobre el Duero; 
con sus murallas roídas 
y sus casas denegridas! 

¡Muerta ciudad de señores 
soldados o cazadores; 
de portales con escudos 
de cien linajes hidalgos, 
y de famélicos galgos, 
de galgos flacos y agudos, 
que pululan 
por las sórdidas callejas, 
y a la medianoche ululan, 
cuando graznan las cornejas! 

¡Soria fría! La campana 
de la Audiencia da la una. 
Soria, ciudad castellana 
¡tan bella! bajo la luna. 

VII 

¡Colinas plateadas, 
grises alcores, cárdenas roquedas 
por donde traza el Duero 
su curva de ballesta 
en torno a Soria, obscuros encinares, 
ariscos pedregales, calvas sierras, 
caminos blancos y álamos del río, 
tardes de Soria, mística y guerrera, 
hoy siento por vosotros, en el fondo 
del corazón, tristeza, 
tristeza que es amor! ¡Campos de Soria 
donde parece que las rocas sueñan, 
conmigo vais! ¡Colinas plateadas, 
grises alcores, cárdenas roquedas!... 

VIII 

He vuelto a ver los álamos dorados, 
álamos del camino en la ribera 
del Duero, entre San Polo y San Saturio, 
tras las murallas viejas 
de Soria ?barbacana 
hacia Aragón, en castellana tierra?. 

Estos chopos del río, que acompañan 
con el sonido de sus hojas secas 
el son del agua, cuando el viento sopla, 
tienen en sus cortezas 
grabadas iniciales que son nombres 
de enamorados, cifras que son fechas. 

¡Álamos del amor que ayer tuvisteis 
de ruiseñores vuestras ramas llenas; 
álamos que seréis mañana liras 
del viento perfumado en primavera; 
álamos del amor cerca del agua 
que corre y pasa y sueña, 
álamos de las márgenes del Duero, 
conmigo vais, mi corazón os lleva! 

IX 

¡Oh, sí! Conmigo vais, campos de Soria, 
tardes tranquilas, montes de violeta, 
alamedas del río, verde sueño 
del suelo gris y de la parda tierra, 
agria melancolía 
de la ciudad decrépita. 

Me habéis llegado al alma, 
¿o acaso estabais en el fondo de ella? 

¡Gentes del alto llano numantino 
que a Dios guardáis como cristianas viejas, 
que el sol de España os llene 
de alegría, de luz y de riqueza!


jueves, 14 de diciembre de 2017

VERSOS DE SEIS SÍLABAS

Al grupo poético Cántico pertenece el poeta Pablo García Baena, que compuso esta Ensaladilla de Navidad
La ñora y la aceña,
madroños, la braña,
lueñes los rebaños,
añil la montaña,
armiños que añudan
piñas y castaña.
El gañán ordeña.
Gruñe y acompaña
al puño mañoso
la pezuña huraña.
La campiña tañe
zampoñas de caña.
Retoña la viña.
Pequeña, la araña
su pañuelo-enseña
ciñe a la espadaña.
La dueña, en escaño,
corpiños de laña,
el paño teñido
con alheña extraña,
hiñe en los barreños,
piñatas apaña,
cañutos aliña,
gañotes rebaña.
Bruñen ruiseñores
mañanas que empaña
la leña, gañidos,
cañada y cabaña.
Plañen añafiles:
—Señora y Compaña...
El Niño soñando
la ñorba.          
             Y España.


















Ñora: pimiento. Aceña: acequia. Braña: pasto. Lueñe: lejos. Zampoña: flauta. Armiño: mamífero de piel blanca. Alheña: arbusto, flor. Heñir: sobar con los puños. Gañido: aullido de perro. Añafil: trompeta.Ñorba: flor.


miércoles, 13 de diciembre de 2017

Un villancico para estos días

              


               Aquellas composiciones que cantaban los villanos, eran poemas populares, que se transmitían de boca en boca, o mejor dicho: de voz en voz, pues eran para ser cantados. Siempre eran textos profanos, pero se asociaron al nacimiento del niño Dios. Constan de un estribillo, una estrofa de mudanza, y un verso de vuelta.

               Jugando con versos de cuatro y ocho sílabas (y algunos irregulares de cinco)y rima asonante en los versos pares,  Luis de Góngora y Argote escribe este villancico Al nacimiento de Cristo Nuestro Señor. Con él os queremos felicitar la navidad.

¿Quién oyó?
¿Quién oyó?
¿Quién ha visto lo que yo?

Yacía la noche cuando
las doce a mis ojos dio                                                 5
el reloj de las estrellas
que es el más cierto reloj;

yacía, digo, la noche,
y en el silencio mayor,
una voz dieron los cielos,                                             10

Amor divino,
que era luz aunque era voz,
divino Amor.

¿Quién oyó?
¿Quién oyó?                                                                     15
¿Quién ha visto lo que yo?   

Ruiseñor no era del alba
dulce hijo el que se oyó;
viste alas, mas no viste
bulto humano el ruiseñor.                                               20

De varios, pues, instrumentos,
el confuse acorde son,
gloria dando a las alturas,

Amor divino,
paz a la tierra anunció,                                                    25
divino Amor.

¿Quién oyó?
¿Quién oyó?
¿Quién ha visto lo que yo?  

Levantéme a la armonía,                                              30
y cayendo al esplendor,
o todo me negó a mí
o todo me negué yo.

Tiranizó mis sentidos
el soberano cantor,                                                        35
el que ni ave ni hombre,

Amor divino,
era mucho de los dos,
divino Amor.

¿Quién oyó?                                                                      40
¿Quién oyó?
¿Quién ha visto lo que yo?   

Restituidas las cosas
que el éxtasis me escondió,
a blando céfiro hice                                                        45
de mis ovejas pastor.

Dejélas, y en vez de nieve,
pisando una y otra flor,
llegué donde al heno vi,

Amor divino,                                                                      50
peinarle rayos al Sol,
divino Amor.

¿Quién oyó?
¿Quién oyó?
¿Quién ha visto lo que yo?                                             55   

Humilde en llegando até
al pesebre la razón,
que me valió nueva luz,
topo ayer y lince hoy.

Oí balar al cordero,                                                         60
que bramó un tiempo león;
y vi llorar niño ahora,

Amor divino,
al que he sido siempre Dios,
divino Amor.                                                                      65

¿Quién oyó?
¿Quién oyó?
¿Quién ha visto lo que yo?