domingo, 8 de abril de 2018

A BORDO DE UN PATINETE

Otra vez Álex Grijelmo para recordarnos que tenemos la preposición en y así hablar sin artificio. Leámosle en su columna de La punta de la lengua en El País:
Puigdemont a bordo
El mal lenguaje periodístico tiende a distanciarse de la manera sencilla de hablar de la gente instruida. Uno de los trucos de columnistas y redactores para tirarse el folio como si fueran de otra estirpe consiste en expresar con exceso todo aquello que se puede decir sin artificio.

Entre esos estiramientos figura la sorprendente querencia hacia la locución adverbial a bordo. El último ejemplo general se dio con la detención de Carles Puigdemont en Alemania. Rara fue la noticia que no incluyó oraciones como las siguientes (todas ellas reales): “El dirigente catalán fue seguido mientras viajaba junto a otras cuatro personas a bordo de un vehículo Renault Espace”. “A bordo del vehícu­lo en el que intentaba llegar a Bélgica había otras cuatro personas”. “La Policía Nacional ha ordenado investigar a los dos miembros de la policía autonómica catalana que acompañaban a Puigdemont a bordo del vehículo”. “A bordo iban dos mossos y dos amigos del expresident”.

Nadie imaginaría una conversación entre dos conocidos que se dijeran en la calle frases como éstas: “Ayer me llevó mi hermana a casa a bordo de su Opel Corsa”. “Iba a bordo de mi coche cuando oí por la radio que habían detenido a Puigdemont”. “No sé si mañana nos desplazaremos a bordo del coche o a bordo de la moto”.

Cuánto estará sufriendo en su rinconcillo la modesta preposición en.

La locución a bordo de se usa desde hace siglos para mencionar el interior de una embarcación; es decir, de lo que tiene borda o bordo (antiguamente, las lindes de un navío). Mucho más tarde se extendió a los aviones, igual que gran parte del léxico marino (embarcar, proa, popa, babor, estribor, navegación, borda, nave, velocidad de crucero, bodega…). Pero la Academia mantenía quieta desde el siglo XVIII la definición de a bordo (“en la embarcación”, decía simplemente), sin ampliarla a la aviación pese a la frecuencia de ejemplos como “estoy a bordo del avión”, “no se puede fumar a bordo de la aeronave”, o “los secuestradores siguen a bordo del aparato”.

El uso se ciñó a barcos y aviones durante muchos decenios hasta que a cierto gabinete de prensa policial le dio en los años ochenta por escribir cada dos por tres “los atracadores huyeron a bordo de un coche”. Recuerdo haber leído con extrañeza oraciones como ésa en las notas oficiales que llegaban a la Redacción para dar cuenta de los sucesos madrileños. La nueva expresión fue invadiendo los teletipos y los diarios porque algunos redactores la reproducían textualmente. Después empezaron a aparecer en los coches los carteles de “bebé a bordo”, copia literal del inglés baby on board (hay un bebé dentro).

La Academia percibió con el tiempo ese uso frecuente (tal vez ese abuso) de a bordo para los autos, y lo reconoció a partir de la edición del Diccionario de 2001. En ella señalaba ya que significa “en una embarcación y, por extensión, en otros vehículos”.

No se precisa cuáles son esos “vehículos” de la extensión, y por tanto podrían acogerse a ella todas las personas que dijesen haber viajado a bordo de una bicicleta, o quizás a bordo de un patinete. Y también los dos amigos que acompañaban a Puigdemont, quienes tendrán a su alcance alegar que formaban parte de su dotación de a bordo; mientras que los dos policías autonómicos, lejos de actuar como supuestos cómplices de su fuga, siempre pueden aducir que los habían contratado como tripulación.

TRIPLETE Y PATERNIDAD

Lola Galán es la Defensora del lector de El País. Escribe, como muchas veces, sobre los anglIcismos. Y otras cosas. Leamos:
El ‘enemigo’ inglés
¿Hay razones para escribir ‘hat-trick’ o ‘design’? La pareja más famosa de Podemos y su futura descendencia
Saber latín le permitió a la periodista italiana Giovanna Chirri firmar una noticia histórica el 11 de febrero de 2013: la de la dimisión de Benedicto XVI, que el Papa anunció en la lengua oficial de la Santa Sede.

El caso es excepcional porque, obviamente, no es el latín, sino el inglés, el idioma de la comunicación. La lengua a la que los periodistas debemos recurrir continuamente, y de la que tomamos palabras, para desesperación de algunos lectores. No es la primera vez que abordo este tema, porque las quejas son constantes. Una de las últimas la expresa desde Quito un lector, Mauricio Sevilla, molesto porque los redactores de Deportes recurran con frecuencia al término hat-trick. “Les cuento que en español es triplete o tripleta”, escribe. “¿Cómo ustedes en la mismísima España, madre y padre del español, van y usan la odiosa palabreja hat-trick?”.

David Álvarez, redactor jefe de Deportes, explica: “Pese a que se trata de una voz inglesa, el uso de hat-trick se ha extendido tanto que empieza a resultar poco natural encontrarse con triplete en su lugar, aunque seguimos utilizándolo. Además, la expresión inglesa tiene un significado único (tres goles anotados por un mismo jugador), mientras que triplete se usa también para referirse, por ejemplo, a la acumulación de tres títulos”.

El significado de las palabras depende también del contexto en que se usen, y no creo que tripleta o triplete (término que aconseja Fundéu en lugar de hat-trick),aplicado a una hazaña goleadora, plantee problemas de comprensión. Si resulta “poco natural” es porque lo usamos poco.

Alfonso Caparrós, lector que escribe desde Málaga, le reprocha a EL PAÍS no ser capaz de defender su lema de “periódico global en español”. “El último acto de incoherencia con el idioma es llamar Design (¿por qué no Diseño?) a la nueva revista de Icon (¿por qué no Icono?). Pero también Prisa Brand Solutions, Shopping, etcétera, y uno se pregunta si algún día el periódico acabará llamándose The Country”.

Óscar Becerra, director gerente de Prisa Revistas, me ofrece la siguiente explicación: Icon es una revista creada en 2011 en Italia por la editorial Mondadori y que cuenta con varias ediciones en el mundo, entre otras la española o la australiana. EL PAÍS la edita en España desde 2013 bajo licencia de Mondadori. Se trata, por tanto, de una marca internacional que quiere mantener una unidad de imagen y de expresión en todo el planeta, y por esa razón no se traduce a cada idioma. Apple no se llama “manzana” en España ni pomme en Francia”. Icon Design opera bajo el mismo esquema. “Adicionalmente”, añade Becerradesign significa también (octava acepción en el diccionario Merriam-Webster), ‘el arte creativo de ejecutar diseños estéticos y funcionales’, que no recoge el diccionario de la RAEIcon Design habla de las personas que practican este arte”.

A las quejas por el uso de palabras en inglés se suma esta semana una pequeña polémica en torno al sustantivo paternidad que figuraba en un artículo publicado el 2 de abril bajo el título La paternidad de Pablo Iglesias e Irene Montero pone a prueba el liderazgo de Podemos.

“La paternidad es, según la RAE, ‘cualidad de padre”, escribe un lector, David Sandoval, “a pesar de lo cual la autora del artículo insiste en utilizar dicho término como una cuestión genérica donde dicha cualidad es de ambos (en el título y en diversos momentos del texto) en lugar de diferenciar entre la maternidad y la paternidad”.

Elsa García de Blas, que firma el texto, justifica así su elección: “Necesitaba un sustantivo que explicara que ambos van a ser padres, tanto para el titular como para usar como sinónimo de padres. Y no se me ocurrió otra forma de escribirlo. En conclusión: creo que paternidad conjunta de Iglesias y Montero’ es la mejor solución, porque un texto periodístico requiere economía de lenguaje y precisión, por la falta de alternativas, y porque es una fórmula que se utiliza como recoge la Fundéu”.


El Diccionario del Español Actual de Manuel Seco admite el término paternidad referido a la pareja. Pero, aunque sea correcto, y esté justificado en el titular, en el texto se podría haber distinguido entre la futura maternidad de Montero y la paternidad futura de Iglesias.

LO HA ESCRITO EL ACTOR, ESCRITOR Y DIRECTOR DE ESCENA SIMON MCBURNEY, QUE COFUNDÓ EL THÉÂTRE DE COMPLICITÉ

Mensaje del Día Mundial del Teatro- Europa

A media milla de la costa de Cirenaica en el norte de Libia existe un vasto refugio rocoso de 80 metros de ancho y 20 de altura. En el dialecto local se le conoce como Hauh Fteah. En 1951 el análisis de datación por carbono 14 demostró una ocupación humana ininterrumpida de al menos 100.000 años. Entre los artefactos desenterrados había una flauta de hueso datada entre 40.000 y 70.000 años. Siendo un niño, al oír esto le pregunté a mi padre:
-“¿Ellos tenían música?”
Me sonrió.
- Al igual que todas las comunidades humanas.

          Mi padre era un arqueólogo estadounidense, el primero en excavar en Hauh Fteah, en Cirenaica.

Me siento muy honrado y feliz de ser el representante europeo del Día Mundial del Teatro de este año.

En 1963, mi predecesor, el gran Arthur Miller, dijo en un momento donde la amenaza de guerra nuclear arrojaba su sombra sobre el mundo: “Cuando se nos pide escribir en un momento donde la diplomacia y la política tienen brazos tan terriblemente cortos y débiles, el delicado pero a veces amplio abrazo del arte debe soportar la carga de sostener unida la comunidad humana”.

El significado de la palabra drama deriva del griego dran que significa “hacer”... y la palabra teatro que procede del término griego theatron, literalmente significa el “lugar donde se mira”. Un lugar no solo dónde miramos, también donde vemos, obtenemos, entendemos. Hace 2.400 años, Polykleitos el Joven diseñó el gran teatro de Epidauro. Con capacidad para 14.000 personas, la asombrosa acústica de este espacio abierto es milagrosa. Un diálogo desde el centro del escenario puede ser oído en todos los 14.000 asientos. Como era usual en los teatros griegos, cuando observabas a los actores, también podías ver el paisaje detrás de ellos. Esto no solo juntaba varios lugares a la vez, -la comunidad, el teatro y el mundo natural-, también unificaba todos los tiempos. De la misma manera que la obra evocaba mitos del pasado en el tiempo presente, podías ver más allá del escenario tu futuro final. La naturaleza.

Una de las revelaciones notables de la reconstrucción de El Globo de Shakespeare en Londres también está relacionada con aquello que vemos. Esta revelación tiene que ver con la luz. Tanto el escenario como el auditorio estaban iluminados por igual. Los artistas y el público se podían ver unos a otros. En todo momento. Dondequiera que mires hay personas. Y en consecuencia, se nos recuerda que el gran soliloquio de, digamos, Hamlet o Macbeth, no eran meditaciones privadas sino debates públicos.

Vivimos en un tiempo donde es difícil ver con claridad. Estamos rodeados de más ficción que en cualquier otro momento de la historia o la prehistoria. Cualquier “hecho” puede ser cuestionado, cualquier anécdota puede reclamar nuestra atención como una “verdad”. Una ficción en particular nos rodea continuamente. Aquella que busca dividirnos. De la verdad. Y de unos a otros. Y así, estamos separados. Las personas de las personas. Las mujeres de los hombres. Los seres humanos de la naturaleza.

Pero al igual que vivimos en un tiempo de división y fragmentación, también vivimos en un tiempo de inmenso movimiento. Como nunca antes en la historia las personas se están desplazando; muchas veces volando; caminando; nadando si hace falta; migrando; por todo el mundo. Y esto es solo el comienzo. La respuesta, como sabemos, ha sido el cierre de fronteras. La construcción de muros. La exclusión. El aislamiento. Vivimos en un orden mundial tiránico, donde la indiferencia es moneda y la esperanza una carga de contrabando. Y parte de esta tiranía es el control, no solo del espacio, sino también del tiempo. Este tiempo en que vivimos renuncia al presente. Se concentra en el pasado reciente y en el futuro. Yo no tengo eso... Yo compraré aquello...

Ahora lo he comprado, necesito tener la próxima... cosa. El pasado lejano está destruido. El futuro sin consecuencias.

Muchos afirman que el teatro no puede ni podrá cambiar nada de esto. Pero el teatro no va a desaparecer. Porque el teatro es un sitio. Me gustaría llamarlo un refugio. Donde las personas se congregan e inmediatamente forman comunidades. Tal y como hemos hecho siempre. Todos los teatros son del tamaño de las primeras comunidades humanas, de cincuenta a 14.000 almas. Desde una caravana de nómadas a un tercio de la antigua Atenas.

Y dado que el teatro solo existe en el presente, también cuestiona esta desastrosa visión del tiempo. El momento presente es siempre un tema del teatro. Sus significados se construyen mediante un acto comunitario entre el intérprete y el público. No solo aquí, sino ahora. Sin la actuación del intérprete el público no podría creer. Sin la creencia del público, la interpretación no sería completa. Nos reímos al mismo tiempo. Nos conmovemos. Nos quedamos sin aliento o enmudecemos. Y en ese momento, mediante el teatro descubrimos la más profunda verdad: que aquella que considerábamos la más privada división entre nosotros, los límites de nuestra propia conciencia individual, tampoco tiene fronteras. Es algo que compartimos.

Y no nos pueden parar. Cada noche reapareceremos. Cada noche los actores y la audiencia se reunirán de nuevo y la misma obra volverá a ser representada. Porque, como dice el escritor John Berge, “Muy dentro de la naturaleza del teatro hay un sentido de retorno ritual”, la razón por la cual ha sido siempre la forma de arte de los desposeídos, algo que a causa del desmantelamiento de nuestro mundo, somos todos. Dondequiera que haya intérpretes y audiencias las historias que no se pueden contar en ningún otro sitio se representarán, ya sea en las óperas y teatros de nuestras grandes ciudades, o en los campos que acogen migrantes y refugiados en el norte de Libia y en todo el mundo. Siempre estaremos unidos, en comunidad, en esta representación.
         
     Y si estuviéramos en Epidauro podríamos levantar la vista y observar cómo compartimos todo esto con un panorama mayor. Porque siempre somos parte de la naturaleza y no podemos escapar de ello así como no podemos escapar del planeta. Si nos encontráramos en El Globo veríamos como preguntas aparentemente privadas se nos plantean a todos nosotros. Y si pudiésemos tener la flauta cirenaica de hace 40.000 años entenderíamos el pasado y el presente como indivisibles, y que la cadena que une la comunidad humana nunca será rota por los tiranos y demagogos.