martes, 5 de noviembre de 2013

Luis Cernuda con las manos vacías



La obra completa de Luis Cernuda se recoge en La realidad y el deseo. De ella  leemos este poema:

Adolescente fui en días idénticos a nubes,
cosa grácil, visible por penumbra y reflejo,
y extraño es, si ese recuerdo busco,
que tanto, tanto duela sobre el cuerpo de hoy.

Perder placer es triste
como la dulce lámpara sobre el lento nocturno;
aquel fui, aquel fui, aquel he sido...
era la ignorancia mi sombra.

Ni gozo ni pena; fui niño
prisionero entre muros cambiantes;
historias como cuerpos, cristales como cielos,
sueño luego, un sueño más alto que la vida.

Cuando la muerte quiera
una verdad quitar de entre mis manos,
las hallará vacías, como en la adolescencia,
ardientes de deseo, tendidas hacia el aire.

Un grande que se achica


 

 

Tal día como hoy de 1963 fallecía en México el poeta de la Generación del 27 Luis Cernuda. Sin miedo a equivocarnos, el autor de La realidad y el deseo es uno de más importantes del español del siglo XX. Luis García Montero nos ofrece en este artículo de El País una mirada sobre las claves poéticas y su legado literario.

Luis Cernuda: el futuro es hoy

Incómodo en su tiempo, sintiéndose poco comprendido en su ética y su obra, Luis Cernuda necesitó apoyarse en los poetas y los lectores del porvenir. La confesión de esta necesidad sostiene una de sus composiciones decisivas, A un poeta futuro, escrita en Glasgow en 1941 y recogida en el libro Como quien espera el alba (1947). Lo importante del poema no reside en las quejas, el lamento sobre su falta de encaje en una realidad hostil: “Disgusto a unos por frío y a otros por raro”. Una sociedad represiva y homófoba, un carácter muy difícil y las rencillas generacionales ayudan a situar la protesta continua de Cernuda, en la que se mezclan con frecuencia su marcado anticapitalismo, su fragilidad sentimental y una extrema susceptibilidad literaria.


Pero lo importante del poema apunta en otra dirección: el proceso creativo que define su poética, sobre todo a partir del exilio en la cultura anglosajona. Cernuda había escrito en su Himno a la tristeza que “viven y mueren a solas los poetas”. De manera que ese poeta futuro para el que escribe en 1941 es también y ante todo su lector, la persona que puede entender y darle vida a sus propios versos. En la creación aparece reconocida la figura del lector como algo más que una ensoñación. No una estrategia barata y vanidosa para imaginar en el futuro la gloria que niegan los contemporáneos, sino una presencia real a la hora de la composición. El poeta piensa en su lector ideal, esbozo de su propia conciencia, para darle objetividad a sus sentimientos. Cernuda confiesa que busca la sombra de su alma “para aprender en ella a ordenar mi pasión / según nueva medida”. Y borra en parte su propia identidad para hallarla luego, “conforme a mi deseo, en tu memoria”. El hecho poético necesita, pues, tanto del lector como del autor para realizarse. Hace falta borrarse un poco para hacer habitable un espacio común.


Estas consideraciones, muy raras en la poesía española de su tiempo, tienen consecuencias de peso en la obra de Cernuda y en la evolución de nuestra lírica. Resumo los aspectos más significativos de este terremoto. Primero: la poesía no es un ejercicio expresivo de la interioridad de un autor, sometido solo a su propia sinceridad inmaculada. Segundo: el poema es un espacio público, objetivo y su dimensión depende de que sea habitado y vivido por el lector. Tercero: más que expresar lo que se siente, trabajar un poema significa crear los efectos necesarios en el texto para que el lector haga suya la experiencia. Cuarto: más que espectáculos de ingenio y retórica, se vuelve fundamental en el taller la capacidad de imaginar el lenguaje y la estructura que permiten la presencia viva del lector. Estos son los principios de la elaboración, los esfuerzos para acoplar formas y contenidos. Esta unidad lírica imprescindible no surge de una verdad expresiva espontánea, sino de una escritura calculada y convertida en ética, en imaginación moral.


La obra de Luis Cernuda, recogida bajo el título de La realidad y el deseo, es amplia y atravesó de manera personal los ciclos de su tiempo a través de la poesía pura, el surrealismo, la invocación neorromántica y la apuesta por un realismo más seco, según la calificación acertada de Jaime Gil de Biedma. Es lógico que la presencia de Luis Cernuda se extienda por muchos matices y corrientes literarias que pueden ir del esteticismo a la poesía cívica, de los decorados sensuales a la rebeldía de una conciencia íntima, tan orgullosa de su diferencia como de su solidaridad.


Creo que la herencia más viva de Cernuda fue recogida por poetas como Francisco Brines y Jaime Gil de Biedma en el homenaje que le dedicó la revista La caña gris en 1962. Comprendiendo la nueva dinámica que surgía de composiciones como Un poeta futuro, advirtieron en el ejemplo de Cernuda la necesidad de objetivar la propia experiencia en el poema, de convertirla en una escritura meditada y capaz de provocar efectos de vida.


Esta objetivación sirve para ordenar en el texto las pasiones del autor y del lector y, al mismo tiempo, para ofrecer una alternativa ética a la realidad injusta del mundo. Como escribió en el poema Mozart de Desolación de la Quimera (1963): “Da esta música al mundo forma, orden, justicia, / nobleza y hermosura”. Y como afirmó en 1936, otro poema del mismo libro dedicado a un luchador republicano, la dignidad de la conciencia individual es imprescindible “como testigo irrefutable / de toda la nobleza humana”. Son lecciones muy vivas de su poesía, ahora que uno de sus enemigos más poderosos, el capitalismo, extrema la destrucción de las conciencias individuales y de los espacios públicos. El futuro es hoy.


Cincuenta años después de su muerte, hay pocas dudas de que Luis Cernuda es uno de los nombres más grandes de la poesía en lengua española. En realidad, es una opinión que ya estableció Federico García Lorca en abril de 1936 con motivo de la primera edición de La realidad y el deseo, en el discurso que pronunció en un banquete-homenaje muy concurrido. A Cernuda no le calmaron esos elogios sinceros. Tampoco le calmarían hoy los nuestros, porque la fama de Juan Ramón, Salinas, Alberti y el propio García Lorca… Pero ese es otro cantar.

lunes, 4 de noviembre de 2013

Estudia bien. Lee mejor

ATENTOS AL ANAQUEL

En el anaquel de este cuaderno hemos colocado una presentación que se llama Orientaciones para el estudio. Fundamentalmente va dirigida a los padres, para que sepan cuándo y cuánto estudian sus hijos. Saber también si el estudio que hacen es de calidad. Pero también pretende ayudar a los tutorandos que dicen que no saben estudiar. Utilizadla que, si os sirve, nos alegraremos.

También en el anaquel encontraremos otra presentación en la que se explica cómo funciona nuestra biblioteca. Ser usuarios de bibliotecas nos hace mejores estudiantes. Podemos dar un paseo por la presentación y así saber qué servicios presta la Biblioteca Escolar. No olvide que su blog es Verba. En el lateral tenemos el enlace directo con ella.

domingo, 3 de noviembre de 2013

Estamos en deuda con Carlos Edmundo de Ory


Carlos Edmundo de Ory, falleció en 2010. Es el creador del postismo. como una reacción al realismo vigente de la época. Este movimiento es una especie de nuevo dadaísmo basado en las invenciones verbales y animado por un espíritu vitalista y visionario. Hoy traemos este poema:


¿HABÉIS AGRADECIDO BASTANTE?

Yo siempre sí agradezco
A la mayoría les he dado las gracias personalmente
Di las gracias a la paloma por ser paloma
Y al mar por su astucia y su belleza
Agradecí a los niños su niñez
Y a los hombres su fragilidad
Dije a la Tierra —gracias
Y a las estrellas —gracias estrellas
A la mujer agradecí en silencio
su gran ternura
Con todos estoy en deuda

La poesía siempre muestra lo inefable



LAS JARCHAS: POESÍA DE LA EMOCIÓN 





Las jarchas son composiciones líricas de autores anónimos que podríamos datar entre los años 1000 y 1250. Son estrofas breves escritas en romance hispánico al final de una muwassaja árabe o hebrea.

Aunque las jarchas sólo sean fragmentos brevísimos, es posible observar los temas esenciales de las canciones: el dolor por la ausencia y el abandono, el miedo de la muchacha, la enfermedad de amor, el júbilo por la llegada del enamorado, etc. Estos temas aparecen en los monólogos y en los diálogos con la madre o con la amiga confidente. Se da la circunstancia de que los momentos dolorosos son más frecuentes que los gozosos. En ellas , más que decir se insinúa. Con ellas arranca nuestra lírica primitiva. ¡Buen comienzo!


yâ mamma mio al-habîbi                             ¡Oh madre, mi amigo
bay-sê e no me tornade                             se va y no vuelve!
gar ke fareyo ÿâ mamma                           Dime qué haré, madre,
in no mio 'ina' lesade                                 si mi pena no afloja.



mio sîdî ïbrâhîm                                                 Mi señor Ibrahim,
yâ tú uemme dolge                                           oh tú hombre dulce
fente mib                                                             vente a mí
de nohte                                                             de noche.
in non si non keris                                                 Si no, si no quieres,
irey-me tib                                                             iréme a ti,
gari-me a ob                                                             dime a dónde
legar-te                                                             encontrarte.



Que lo lean los que deciden


La editorial Graò me manda este correo de Pilar Pérez Esteve (pilarperezesteve@gmail.com), y yo lo pincho aquí por si algún profesor alguna vez lee esto



Página 10. Ejercicio 3: Analiza sintáctica y morfológicamente» ¿Hasta cuándo?



Cada curso escolar me hago la misma pregunta: ¿cómo es posible que en un ámbito del conocimiento como el de la enseñanza de lenguas, en el que hay tanto consenso en la investigación didáctica, sigamos año tras año con la misma cantinela?
Afortunadamente, hace mucho que no la reproducen un buen número de docentes. Pero se sigue escuchando todavía en demasiadas aulas.
Recuerdo que hace un tiempo, después de una sesión agotadora en la que los alumnos debían hacer un escrito para comunicarse con otros que iban a venir a nuestro instituto en el marco de unos programas europeos, un alumno me dijo que trabajar, lo que se dice trabajar lengua es: «Cuando hacemos los análisis sintácticos y morfológicos» y, sobre todo, «El concurso del pretérito pluscuamperfecto». Ese comentario encerraba muchas ideas que están en la base de esa resistencia al cambio.
Aprender a comprender, a leer y a escribir, a hablar y a conversar, es aprender a comunicarnos con progresiva corrección en los diferentes ámbitos de la actividad social. Y cada ámbito social utiliza unos géneros de textos o géneros discursivos, que requieren un tipo de lenguaje. No es lo mismo escribir la reseña de un libro que preparar un informe de laboratorio, las normas de la biblioteca, levantar un acta, argumentar una idea, escribir una entrada a un blog o hacer una explicación oral. En cada uno de estos ejemplos, usamos el lenguaje de un modo diferente. Es decir, aprender lengua es aprender a utilizar los diferentes géneros discursivos y estos tienen una función social determinada que requiere que usemos unas formas lingüísticas específicas. Así de sencillo y así de complejo.
Se trata de un proceso largo, porque nunca se acaba de aprender, y complejo, porque abarca multitud de variables. Por el contrario, un análisis sintáctico es un producto acotado, controlable y, sobre todo, medible. La respuesta al pretérito perfecto del verbo amar es unívoca, la sé o no la sé, puedo hacer un concurso y obtener 8 aciertos sobre 10. Eso da a los alumnos una extraña satisfacción y a los profesores, una pauta clara. Quizá sea parte de la explicación de esa pervivencia tenaz.
Sin embargo, nuestra tarea como profesores es precisamente la de enseñar a los estudiantes a usar adecuadamente el lenguaje en los diferentes ámbitos de la actividad social porque es lo que van a necesitar en su vida diaria. Saber hacerlo o no condicionará su futuro quizá más que cualquier otro aprendizaje. Pocas cosas diferencian más a una persona que leer un escrito suyo o escuchar cómo explica algo.
Por eso, es esencial enseñarles a «reconocer los géneros», a ver la función que desempeñan en cada caso y la lengua que utilizan para cumplir esa función. Hemos de mostrarles «las marcas» que los ayudarán a interpretarlos, los conectores que utilizan, el conjunto de elementos que lo componen. Las palabras y las formas. Para ello, hemos de mostrar, guiar, «reproducir» y crear, o reproducir creando. Además, hacerlo muchas veces en contexto y con sentido. No se aprende a leer y a escribir en general, se aprende a hacerlo en cada situación social y utilizando el lenguaje (el género discursivo) apropiado. Efectivamente, es un proceso complejo y dilatado en el tiempo. Pero también es un proceso que llena de sentido la actividad del aula.