martes, 21 de octubre de 2014

EL QUIJOTE 13. -Metafísico estáis. -Es que no como.


Versos preliminares

Se acaban aquí los preliminares de la obra. Ya tenemos no pocas claves para entender el propósito inicial de la obra, y los que luego llegaron, pero también el nombre de un personaje, Lope de Vega, que tal vez después ayude a entender algunas cosas de la Segunda parte. Podemos leer esos versos: 



En los versos preliminares de la Primera parte de El Quijote encontramos unas décimas, siete sonetos y un romance,y en ellos vemos cómo Urganda, don Belianís, Oriana, Gandalín, Orlando, el caballero del Febo, don Solisdán y hasta el Babieca del Cid elogian a sus protagonistas, cada uno teniendo en cuenta su personalidad.
Amadís, el más enamorado caballero de todos, y a veces llorón, elogia cómo don Quijote imitó su penitencia en Sierra Morena. Los versos de don Belianís muestran su furor. Los desvaríos de Orlando Furioso sólo tienen sentido cuando uno se da cuenta de que versifica desde el fondo de su locura amorosa. El soneto de Oriana, la amada de Amadís de Gaula, nos muestra el mundo en el que Dulcinea es una reina. El de Gandalín, lleno de sarcasmo e ironía, pone en ridículo a Sancho.
Así estos poemas son una burla literaria en la que Cervantes satiriza los libros de caballerías., pues estros personajes, si ensalzan a Don Quijote, se convierten también en dementes.
Pero también Cervantes parodia la costumbre, que ya criticó en el prólogo, de incluir exagerados versos de alabanza entre los textos preliminares de los libros que se publicaban. Recuerde que el amigo que aparecía en el prólogo le había aconsejado que escribiera el autor mismo esos versos.
Cervantes está criticando sobre todo a Lope de Vega, pues sus obras contienen sonetos de alabanza que posiblemente escribiera el mismo Lope. Si leemos los poemas de Cervantes veremos cómo en ellos hay alusiones irónicas al que ya es su rival, no sabemos todavía bien por qué. Así, el diálogo entre Babieca y Rocinante es la composición más irónica entre todas. Podemos leerlas con detenimiento.

lunes, 20 de octubre de 2014

EL QUIJOTE 12. DESOCUPADO LECTOR: ¡ATENTO, MUY ATENTO!



EL PRÓLOGO DE LA NOVELA



Por otras ideas ya comentadas anteriormente el Prólogo de la Primera Parte de El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha fue redactado en 1604, cuando Cervantes había terminado ya el libro, lo que le daba una perspectiva de su obra con la que no contaba al inicio de su escritura, pues se sabemos que su intenciónaprimera era mucho más modesta y que, sólo una vez avanzada la obra, se dio cuenta de lo distinta que era del proyecto inicial. No era sólo la crítica de los libros de caballería la única intención del autor.

Es cierto que se critican las novelas de caballerías, pero la novela sería muy pobre si sólo se dedicara a eso. A Cervantes le desagradaban estas novelas y las consideraba literatura de segunda, aunque reconocía la calidad de algunas de ellas. Eran de gran éxito popular y no se explicaba cómo unos libros planteados como realidad (los libros de caballerías se basaban, según sus autores, en historias reales recogidas y transcritas por ellos mismos) podían tener tanta aceptación entre sus lectores cuando, a todas luces, eran frutos de una fantasiosa imaginación. Si desprecia estas novelas, también desprecia a sus lectores.

En el Prólogo de la Primera parte de 1605, el narrador se esconde tras un velo de falsa modestia, y dice que escribirlo le está dando mucho más trabajo que la obra, que se siente confuso porque teme presentar una obra como “una leyenda seca como un esparto, ajena de invención, menguada de estilo, pobre de concetos y falta de toda erudición y doctrina, sin acotaciones en las márgenes y sin anotaciones en el fin del libro”. Estas afirmaciones están llenas de ironía, pues Cervantes era contrario a este tipo de artificios que acompañaban a los libros que disfrutaban de admiración en la época:
“como veo que están otros libros, aunque sean fabulosos y profanos, tan llenos de sentencias de Aristóteles, de Platón y de toda la caterva de filósofos, que admiran a los leyentes y tienen a sus autores por hombres leídos, eruditos y elocuentes”.
 Cervantes arremetía así contra el estilo literario imperante en los finales del siglo XVI y los comienzos del XVII, particularmente contra Lope de Vega y, especialmente, contra su Arcadia. El mismo autor afirma por medio de su narrador que
 “solo quisiera dártela monda y desnuda, sin el ornato de prólogo, ni de la inumerabilidad y catálogo de los acostumbrados sonetos, epigramas y elogios que al principio de los libros suelen ponerse”.
Cervantes presenta su estilo: “dando a entender vuestros conceptos sin intricarlos y escurecerlos”. Además, Cervantes pretende crear una obra innovadora, sin atender a las exigencias del mercado (de hecho las contradice creando un antihéroe de los exitosos caballeros andantes). El propio Cervantes, por boca del narrador del Prólogo, deja clara esta idea: se arriesga a que los lectores, “el antiguo legislador al que llaman vulgo”, no lo acepte y vea su creación como un hijo feo.

Por último, hay que destacar una intención secundaria: el autor (por medio de sus narradores) nos introduce en su juego de realidad-ficción. La realidad directa que debería ser el prólogo se trata de una ficción indirecta (pues trata de engañarnos, hacernos creer que es real) que forma parte de la novela misma. Así, la realidad ficticia, la realidad literaria, comienza a formarse en la propia realidad.

El epíteto, desocupado lector, al que se dirige Cervantes, no hace referencia solo a que no tiene nada que hacer, sino que está cargado de ironía y significado. La intención primaria de Cervantes, como dijimos, era ridiculizar, castigar al libro de caballerías y a sus lectores. Para ello comienza rebajando al lector (y con ello a su lectura) tratándolo de ‘desocupado’, adjetivo bajo el que se esconde la condición del lector de caballería, el cual debería estar verdaderamente desocupado.

Encontraremos en el texto dos narradores. El primero, el ‘Yo Narrador’ tras el que se presenta Cervantes, dirigiéndose al lector, al desocupado lector, nos introduce en su (ficticia) realidad y nos expone sus problemas para construir el prólogo a su obra, afirmando que su “estéril y mal cultivado ingenio” no le permite crear un bello, noble y admirado personaje, falsa modestia bajo la que se esconde una gran ironía que convierte la alabanza en burla: “las musas más estériles” (los autores de los libros de caballería) pueden escribir libros que asombren, a las que no sin ironía les llama “partos”. Él mismo se llama padre y no padrastro,  reforzando la mentira de que la historia ha sido recopilada de textos y manuscritos ya existentes, por lo que el padre sería el historiador arábigo Cide Hamete Benengeli, que se nos presentará en el capítulo IX.

Continúa mostrando su deseo de dejar su historia sin un proemio lleno de exornaciones, sin la erudición de la que presumen sus contemporáneos (crítica donde la figura de Lope está más que presente).

El narrador principal nos introduce otra figura prologal: el amigo al que presenta como una realidad física, como un hombre de carne y hueso al que le confiesa sus preocupaciones y dificultades con el Prólogo. Sin embargo ese amigo es una ficción, un personaje imaginario, que le ofrece la posibilidad de hacer la crítica más clara a  los libros de caballerías y las pomposas costumbres de los prefacios y elogios que preceden las obras de sus coetáneos.

Así, este amigo, tras conocer el problema que le plantea el narrador, crea un discurso que es todo un ataque contra lo anteriormente citado y, sin muchas complicaciones, derriba punto por punto los problemas del escritor. Para eso, le expone una serie de citas escolásticas y proverbiales, mitos clásicos y fragmentos bíblicos (no siempre de modo correcto), que le sirvan para salir al paso de sus dificultades. Dentro de la sátira es oportuno destacar que algunos de los dardos verbales son dirigidos a Lope de Vega: en la cita “Donec eris felix, multos numerabis amicos, Tempora si fuerint nubila, solus eris”, dice ‘felix’ donde debía decir ‘sospes’, tal y como escribió Ovidio (y no Catón, como se dice en el texto) en Tristia (I, 9, versos 5-6), clara referencia al susodicho Lope, cuyo primer nombre era Félix.

Por otro lado, critica a los autores que ofrecen en sus libros una lista “de la A a la Z” que acota todos los clásicos en los que se ha inspirado y/o una serie de poesías elogiosas de personajes ilustres. Esta es una clara referencia burlesca a la Arcadia (1598) de Lope de Vega, así como al Isidro (1599), La hermosura de Angélica y a El peregrino en su patria (1604).

Cervantes, cuando escribe este prólogo, lo hace como una reaparición literaria, pues hacía veinte años que no publicaba nada. Lo último había sido La Galetea, en 1585, y no sabía cómo iba a reaccionar el lector, el curioso lector, el ocioso lector.

Cuando escribe el prólogo a la Segunda parte se enfrenta a la aparición del Quijote de Avellaneda, al que se ve obligado a responder, dejando claro las diferencias y la autenticidad del primer Quijote

EL QUIJOTE 11. ¿UNA DEDICATORIA POCO DELICADA?


DEDICATORIA. AL DUQUE DE BÉJAR
MARQUÉS DE GIBRALEÓN, CONDE DE BENALCÁZAR Y BAÑARES, 
VIZCONDE DE LA PUEBLA DE ALCOCER,
SEÑOR DE LAS VILLAS DE CAPILLA, CURIEL Y BURGUILLOS
En fe del buen acogimiento y honra que hace Vuestra Excelencia a toda suerte de libros, como príncipe tan inclinado a favorecer las buenas artes, mayormente las que por su nobleza no se abaten al servicio y granjerías del vulgo, he determinado de sacar a luz al Ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
 al abrigo del clarísimo nombre de Vuestra Excelencia, a quien, con el acatamiento que debo a tanta grandeza, suplico le reciba agradablemente en su protección, para que a su sombra, aunque desnudo de aquel precioso ornamento de elegancia y erudición de que suelen andar vestidas las obras que se componen en las casas de los hombres que saben, ose parecer seguramente en el juicio de algunos que, no continiéndose en los límites de su ignorancia, suelen condenar con más rigor y menos justicia los trabajos ajenos; que, poniendo los ojos la prudencia de Vuestra Excelencia en mi buen deseo, fío que no desdeñará la cortedad de tan humilde servicio.


Miguel de Cervantes Saavedra


Fue descubierto por Hartzenbusch: la dedicatoria del Ingenioso hidalgo es un mero patchwork de un par de textos preliminares al Garcilaso comentado de Fernando de Herrera. En el último momento, a la hora de imprimir El Quijote se echaron en falta varias de las piezas que en él debían insertarse y hubo que remediarlo dejando un par de páginas con sólo unos pocos renglones e improvisando una dedicatoria que supliera la escrita (o proyectada) por Cervantes. Efectivamente, la Dedicatoria se trata de un zurcido que resultaría ininteligible incluso en un escritor de segunda categoría, aunque sólo sea porque fabricarlo conlleva un esfuerzo muy superior al de redactar una docena de líneas analógicamente convencionales.

¿Qué sentido podía darle al pastiche? Piensa  Vicente Gaos que si Cervantes copia de las Anotaciones la sarta de encomios al Duque es porque quiere mostrarsecontrario a la adulación y escéptico acerca del valor de los panegíricos. Podríamos entenderlo como una clara e irónica indicación del desprecio que Cervantes sentía ya por la alabanza hueca y desorbitada. Etcétera. Pero ¿quién tenía que notar el origen de la dedicatoria y entenderlo en clave de desestimación o desdén? ¿El Duque, los lectores? O ¿no tenían que notarlo y el autor no encontró otro modo de desahogarse que afanándole a Herrera una frase aquí y otra allá? ¿Y si lo notaban?El duque de Béjar está vinculado a nuestra tierra: Alonso Diego López de Zúñiga Sotomayor y Guzmán (Béjar, 1578 - Sevilla, 14 de diciembre de 1619) fue un noble español de la Casa de Zúñiga, VI duque de Béjar y de Plasencia, Grande de España, VII marqués de Gibraleón, X conde de Belalcázar, VII de Bañares, X vizconde de la Puebla de Alcocer, justicia y alguacil mayor hereditario de Castilla, Primer Caballero del Reino, Caballero de la Orden del Toisón de Oro.  Alonso Diego se casó en 1595 con su prima Juana de Mendoza y Enríquez, hija de Iñigo López de Mendoza, V duque del Infantado, y de su esposa Luisa Enríquez de Cabrera.


No fue sólo Cervantes el que cantó al duque; también lo hizo Lope de Vega
Al duque de Béjar
Soneto 131

En tanto que deshace el claro Apolo
de la sierra de Béjar la alta cumbre,
y por Gibraleón su menor lumbre
pasa por nuestro mar al otro polo;

y mientras sobre el oro de Pactolo
su líquido cristal Tormes encubre,
y de Atlante la excelsa pesadumbre
oprime el hombro, que sustenta solo:

con mil despojos, armas y laureles,
después que otro Virgilio Eneidas cante
del gran Sotomayor de Benalcázar,

con nuevo timbre y nuevos coroneles
vuestro nombre con letras de diamante
pondrá la fama en su dorado alcázar.

Y también Góngora en sus Soledades:
Pasos de un peregrino son, errante,
cuantos me dictó versos dulce Musa,
en soledad confusa,
perdidos unos, otros inspirados.
¡Oh tú, que de venablos impedido,
muros de abeto, almenas de diamante,
bates los montes que, de nieve armados,
gigantes de cristal los teme el cielo,
donde el cuerno, del eco repetido,
fieras te expone que, al teñido suelo,
muertas, pidiendo términos disformes,
espumoso coral le dan al Tormes!

EL QUIJOTE 10. EL PRIVILEGIO PARA EL LIBRERO


PRIVILEGIO REAL
De obligada inclusión era la licencia dada previamente a la impresión por el Consejo de Castilla o el privilegio real, que incluía la licencia (EL REY). En El Quijote figura el privilegio para los reinos de Castilla concedido a su autor, por un período de diez años, para que sólo él o aquel a quien se lo cediereen este caso, el librero Francisco de Roblespudiese imprimir la obra. Todo privilegio era concedido por el Rey, quien lo firmó en Valladolid a 26 de septiembre de 1604. A partir de esta fecha podía iniciarse la impresión del texto de la obra.
No figuran en El Quijote ni la censura que había encargado el Consejo de Castilla, que fue positiva, pues de lo contrario no se hubiese autorizado su publicación, ni la censura aprobatoria y licencia correspondiente de la autoridad eclesiástica, que habitualmente se imprimía en los preliminares de la mayoría de los libros. Desconocemos el motivo, y aunque hemos de señalar que no era legalmente obligatoria su inclusión, lo más probable es que no se tuvieran a mano en el momento de cerrar el pliego y que otro tanto ocurriera con la dedicatoria original de Cervantes, que, por lo mismo, sería sustituida apresuradamente por otra extractada de las Obras de Garcilaso comentadas por Fernando de Herrera.