domingo, 29 de noviembre de 2015

SANSÓN NOS AYUDA A MIRAR EL MUNDO

Sansón nos presenta sus viñetas en Hoy y en El Norte de Castilla. Pensemos estas:



A veces es así





Siempre será así


ISIS ES UNA DIOSA EGIPCIA

Álex Grijelmo sigue con los terroristas y cómo llamarlos. Leamos su

LA PUNTA DE LA LENGUA
El mal llamado Estado Islámico
Todo tipo de manipulación del lenguaje es efectiva durante un tiempo. Después el concepto escondido resurge con fuerza

Las organizaciones terroristas manipulan las palabras de sus propios nombres. Por ejemplo, los ya desaparecidos GRAPO (Grupos de Resistencia Antifascista Primero de Octubre) se apoderaron del adjetivo antifascista, y al usurparlo llamaban fascista a la democracia española a la cual atacaban.

Por su parte, las siglas ETA corresponden a las palabras Euskadi y Libertad (Euskadi ta Askatasuna), y ello nos obligó a convivir con esa profanación de los dos sustantivos.

Otras organizaciones terroristas nos han arrebatado también el sentido que dábamos a vocablos como ejército (por ejemplo, el IRA o el ELN) o fuerzas armadas (FARC).

Lo mismo sucede con el Estado Islámico, que, según ha escrito Lluís Bassets, “está venciendo en el combate de las palabras”: nos roba la primera para arrogarse lo que no es; y la segunda, para destruir con ella a quienes siguen las enseñanzas del Corán y no han matado ni matarán a nadie.

Ahora bien, no parece fácil cambiar el nombre a un grupo terrorista.

El Estado Islámico se autodenominaba al principio Estado Islámico de Irak y el Levante; y no Estado Islámico de Irak y Siria, que dio en inglés las erróneas siglas ISIS (Islamic State of Irak and Syria). En junio de 2014 acortó su nombre a solamente Estado Islámico, al que corresponden las iniciales en español EI (y en inglés, IS). Las demás siglas manejadas con insistencia por la prensa hispana y anglosajona son ya inadecuadas: EIIL, DAESH o DAISH, tomadas estas dos últimas de sendas transliteraciones de su nombre original en árabe: ad-Dawlah al-Islamiyah fi ‘l-’Iraq wa-sh-Sham. DAESH no les gusta a los propios terroristas por su parecido fonético con otras expresiones de aquel idioma (equivaldría a algo así como el pisoteante; es decir, el que pisotea, el que destruye); y por eso las usan muchos políticos occidentales. En cualquier caso, los términos Islámico y Estado se incluyen en cada una de esas denominaciones.

¿Qué debemos hacer con este problema? A mi juicio, las manipulaciones del lenguaje son efectivas durante un tiempo, pero luego el concepto que se pretende esconder resurge con fuerza para comerse al significado supuestamente objetivo y realmente encubridor. (Por ejemplo, ajuste y recortes fueron en su día eufemismos que hoy ya no ocultan una reducción, sino que la designan).


Así, la asociación reiterada en nuestra mente del Estado Islámico y sus barbaridades hará que el concepto grupo terrorista se imponga pronto a los dos significados que sus miembros se arrogan. Mientras tanto, no estará de más guardar cierta distancia con ese nombre, y llamar al EI “el autodenominado Estado Islámico”, “el mal llamado Estado Islámico” o “el falso Estado Islámico”. Y, de paso, devolver la voz Isis a la famosa diosa egipcia, que sigue ajena a todo esto.

LEYENDO EL PERIÓDICO HACEMOS CLASE

            Lola Galán es la Defensora del Lector de El País. Y está atenta a las quejas que sobre ortografía le mandan sus lectores. Leamos ahora:

DEFENSORA DEL LECTOR
'Pecados' gramaticales
Quejas de lectores por el uso incorrecto de verbos, faltas de ortografía y alguna errata, también en la edición impresa



El Diccionario de la RAE recibe en la web de esta institución más de 41 millones de visitas al mes. Los lectores que me escriben para señalar errores gramaticales en el diario suelen apoyarse también en ese diccionario.

Manuel Arrontes, de Oviedo, me envío hace unos días un largo mensaje en el que incluía la definición completa de las palabras escuchar y oír, para que no quedara duda de que, “aunque parezca lo contrario, siguen significando cosas diferentes y no puede usarse la primera de ellas como sinónimo de la segunda”.

La mención al diccionario era necesaria para demostrar el uso erróneo que se hacía del verbo escuchar en varias crónicas de los atentados de París, publicadas en las ediciones digital e impresa. Si escuchar es ante todo “prestar atención a lo que se oye”, y oír “percibir con el oído los sonidos”, en la frase que me indica el lector, “Eran las 21.15 … cuando escuchó los disparos”, tendríamos que haber escrito, “cuando oyó los disparos”.
icidad
Varios correos más se han referido a este fallo. Fausto Rojo, lector de la edición de Barcelona, precisaba en el suyo: “Renuncio a hacer la lista de usos erróneos de ‘escucha’ que trufa las crónicas sobre los brutales atentados en París”. No era su única queja. En su breve correo me señalaba varios pleonasmos en las páginas de EL PAÍS. Les cito uno de los que mencionaba: “una prerrogativa incluida dentro de la ley...”. Lo que está incluido en algo está dentro, sin duda.

Michael Nicholas, lector de la edición de Madrid, me alertaba en un mensaje de un error de concordancia en una crónica donde se aludía a, “un auxiliar de vuelo española”. Este lector detectó también una errata en una columna de Cultura, en la que se citaba la película Botón de Ancla como Botón de ancha. “Sabiendo un poco del argumento y siendo una película clave, parece mentira que diga ‘ancha’. Ni siquiera está la ‘ele’ al lado de la ‘hache’ en el teclado. Es como si pusiera, ‘esa gran película del oeste Grapo Salvaje o Grupa Salvaje o Gripe Salvaje”, bromeaba.

Pedro García González, de Madrid, se ponía en contacto conmigo “por una cuestión que, para mí, es ya cansina y me temo que lejos de solucionarse se agrava por momentos”, escribía. “Me refiero a las continuas faltas de ortografía de los colaboradores en su periódico, tanto sean periodistas de nuevo cuño como escritores consagrados”. Este lector incluía en su mensaje los correos enviados a un par de columnistas en los que les señalaba el mismo error: confundir la ortografía de desechos, (residuos), con deshechos, participio del verbo deshacer. El lector optó por escribirme al ver el mismo fallo, días después, en una crónica de Deportes, donde se hablaba de “…recuperar de la montaña ocho kilos de deshechos…”. Lo correcto era, obviamente, desechos.

Días antes, Antonio Duplá del Moral, de A Coruña, me escribía exigiendo a quienes hacemos EL PAÍS velar por la corrección lingüística, “que un diario de su importancia y difusión merece”. Este lector, al igual que Luis de Luxán, de Asturias, había reparado en una falta en un editorial en el que podía leerse, ‘el último acta’. “Como deberían saber, a aquellos sustantivos de género femenino que comienzan con la letra ‘a’ tónica se les aplica los artículos ‘el’, ‘un’, ‘algún’ y ‘ningún’”, señalaba Duplá. “Pero la palabra sigue siendo femenina y por ello se debe escribir ‘la última acta’ y nunca ‘el último acta’ como hacen ustedes”.

Los errores gramaticales en la edición impresa son mucho menos frecuentes pero más graves que los que se deslizan en la digital, entre otras cosas, porque no pueden corregirse. EL PAÍS publica al mes más de 10.000 informaciones, lo que no justifica, pero explica, lo inevitable de que se produzcan fallos. Máxime cuando la crisis de los medios ha tenido un impacto devastador en las plantillas de correctores.


Nuestra obligación de periodistas es conocer a fondo la lengua en la que escribimos, pero nadie está libre de errores. Por eso, es importante repasar con frecuencia el Libro de Estilo y consultar, como hacen millones de españoles, el Diccionario de la RAE.

EL ROTO DEFENDIENDO CON NOSOTROS LAS HUMANIDADES