sábado, 15 de noviembre de 2014

CHICOS DE 4º DE LA ESO QUE QUIEREN METERLE UN GOL A LA REALIDAD

Miguel Ángel Ortiz  nació en 1982. Había publicado en 2013 Fuera de juego. Ahora cuenta en La inmensa minoría la historia de Pista, Retaco, Peludo y Chusmari, pero también la de Barcelona a punto del Mundial de Sudáfrica. Su mundo no sale nunca en los periódicos. La crisis para ellos es lo único que conocen. Crecer es a veces aprender a ser peores. Dijo la crítica que La inmensa minoría es la novela de alguien que leyó bien a Marsé y a Mercè Rodoreda. Y como los leyó tan bien, entendió que no podía repetir sus irrepetibles operaciones narrativas. Había que dejar hablar ahora a los personajes. Había que verlos moverse solos, con los mínimos afectos, vivir. Había que verlos quitándose hierro en medio de tanta intemperie. Había que sacrificar el estilo y dar voz a los hechos. Una novela distinta.

Fuera de Juego es la historia de unos cuantos niños no tan niños y unas cuantas niñas no tan niñas que se están asomando a la adolescencia, a ese momento en que la inocencia comienza a diluirse en medio de una agitación continua de sombras, sospechas y temores. Ese momento en el que los padres muestran sus primeras grietas, la familia es cobijo pero es también molestia y los cuerpos propios y ajenos deletrean sus propias leyes y deseos. Jugar al fútbol como aprendizaje de la derrota. La vida que sale al encuentro, es decir, el miedo al fracaso, a no marcar ese gol que te salva de la mediocridad que te rodea, asusta y ahoga. La lentitud del crecer.

Ésta no es, qué suerte, una novela juvenil. La podemos leer sin que nos pidan el carnet. 

Empieza así. Léela conmigo, contigo:

El bloque de pisos donde vivíamos era como una colmena de hormigón. Un panal de ladrillos rojos y cemento donde se apelotonaban las abejas trabajadoras del reino. Yo vivía en el portal ciento doce y el Pista en el ciento catorce. Las ventanas de la fachada eran afiladas y estrechas, todas iguales. La de mi habitación daba a la carretera que salía del barrio, rodeaba el cementerio de Montjich, se retorcía hasta el puerto y se alejaba de la ciudad en dirección a Tarragona. La ventana de la habitación del Pista daba al otro lado, al sombrío patio trasero, un solar donde, entre ortigas y cartones, una camada de gatos callejeros esperaba los platos de sobras que les bajaban las viejas 

¿QUIÉN ES ENRIC MARCO Y QUIÉN ES USTED?


Javier Cercas nació en Ibahernando en 1961, aunque vive en Gerona donde es profeso de Literatura española en su universidad. De él leímos El móvil y El inquilino.  Después El vientre de la ballena. Su reconocimiento llegó con Soldados de Salamina. Luego leímos La velocidad de la luz y Anatomía de un instante

Ahora tenemos sobre la mesa El impostor. Recordemos la historia de Enric Marco: Se hizo pasar por superviviente de los campos nazis, presidió la asociación española de supervivientes, dio conferencias, entrevistas, fue distinguido con los laureles de los héroes. Y en 2005 supimos nada de eso era verdad..

Así, en una mezcla de narración, crónica, ensayo, biografía, autobiografía, Cercas nos muestra su mentira y sus verdades, nuestra capacidad para engañar y engañarnos. Pero no creas: el libro también habla de nosotros, de todos nosotros. 

TRADUCIRSE EN PALABRAS


De Miriam Reyes (1974) hemos leído Desalojos  y Bella durmiente, ambos en Hiperión, y también Espejo negro, en DVD ediciones. Siempre que nos preguntamos por las palabras, por poder decir, o no, lo que queremos, recordamos este poema que ahora traemos a clase.  Sus poemas nunca hablan como los libros, y cuando vemos sus videos sabemos que sus libros hablan como los hombres. Por eso nos gusta, y nos asusta, y nos desola, y nos angustia, y nos … . Porque siempre está presente su necesidad de traducirse en palabras.





Las preposiciones no siempre se ajustan.
Deberían tener gomas en las esquinas como las sábanas bajeras,
para aguantar en su sitio las convulsiones de un cuerpo.
Cuando dices que piensas en mi no siempre piensas en mi:
Piensas acerca de mi pero desde lejos

EL QUIJOTE 25. FELIZ ALONSO QUIJANO, TAMBIÉN LLAMADO DON QUIJOTE DE LA MANCHA, HONRA Y PREZ DE LA CABALLERÍA ANDANTE, QUE MURIÓ SIN CONOCER LO QUE LA VIDA LES TENÍA RESERVADO A SUS PARIENTES Y AMIGOS. FELIZ ÉL.


El periodista Winston Manrique  Sabogal, en El País de hoy nos presenta la última de las novelas de Andrés Trapiello, que gira en tono, otra vez, a los personajes vivos tras la muerte de Don Quijote. Muy interesante. Ya habíamos leído Al morir don Quijote y, luego, iremos a comprar ésta para este fin de semana de lluvia, frío y, ay, desaliento:
Sancho Panza viaja a las Indias
Andrés Trapiello retoma su homenaje a Cervantes con una novela en la cual fabula con las aventuras en ultramar del escudero tras la muerte de Don Quijote



¡El mundo al revés! Sancho Panza se ha quijotizado del todo. Muerto el Caballero de la Triste Figura ahora salen a resolver entuertos y vencer miedos quienes le sobrevivieron al ir detrás de una misión harto difícil, cambiar de vida en las Indias. Solo que se toparán con la aventura más insospechada: encontrarse a sí mismos. La cita es en El final de Sancho Panza y otras suertes (Destino), donde Andrés Trapiello (Manzaneda de Torio, León, 1953) junta al fiel escudero con el bachiller Sansón Carrasco, su esposa Antonia y sobrina de Alonso Quijano y al ama Quiteria.
Los cuatro conviven en una novela que continúa el camino abierto por Miguel de Cervantes en su obra maestra al mezclar realidad, presente y ficción como un solo mundo. Viven esas criaturas con su creador, con la presencia ausente de don Quijote, con el falso caballero y su escudero copiados por Avellaneda, y el efecto de la obra cervantina en la gente.
Es la continuación del homenaje a Cervantes iniciado hace 10 años por Trapiello en Al morir Don Quijote, donde recreaba lo que sucedía con los personajes de la obra en aquel lugar de La Mancha tras el fallecimiento del ingenioso hidalgo. El final de Sancho Panza… “es una manera de resarcir el sueño de Cervantes. De hacer justicia poética a él mismo porque cuando llega de la guerra de Argel intenta pasar a las Indias. Pero menos mal que no lo hizo porque, tal vez, no habría escrito su obra”, recuerda el escritor dentro de la Torre del Oro, a orillas del Guadalquivir.
Cuatro siglos después, una parte del sueño está a punto de hacerse realidad. La locura de don Quijote de trastocar el mundo.
Inmensas nubes grises rodean Sevilla, mientras su río tiene encima el cielo azul. En un día así, como el del miércoles, pudo haber embarcado Sancho Panza a las Indias, en compañía de sus tres amigos, junto a pícaros y maltrapillos, en la nao La Favorita. La Torre del Oro habría sido testigo de sus aventuras físicas, morales y existenciales.
El final de Sancho Panza…. es una confirmación de que don Quijote vive. De que sus personajes son tan reales como su creador. No se trata de competir con Cervantes porque eso es imposible. Su genio y su lengua son únicos y esa empresa es absurda. Se trata de simpatizar con su espíritu”, dice Trapiello. Esta no es una novela histórica, busca extender los ideales de libertad y cierta anarquía cervantina, “las causas del Quijote no están perdidas”.
Unos trece años ha estado el autor leonés con esta novela cuyos tres pilares de investigación se basan en lo literario (El lazarillo de Tormes, las Cartas de Santa Teresa y Don Quijote), en lo histórico (Bernal Díaz del Castillo, Bartolomé de las Casas, Crónicas de Indias, etcétera) y en la vida cotidiana (Cartas privadas de Emigrantes de Indias 1540-1616, compiladas por Enrique Otte).
Sevilla es el punto de encuentro del pasado y del futuro de esta historia de convivencia entre el creador y sus criaturas, entre la realidad y la ficción. Sevilla fue importante para Cervantes antes de escribir su gran obra. Una ensoñación cervantina allí es imposible, pero un asomo a través de los sitios por donde habrían estado Sancho Panza y sus amigos no, con Andrés Trapiello como guía.
Las gradas de la Catedral donde transcurría la vida de sevillanos, cambistas, indianos, marinos, sacerdotes y demás gentes que decidían parte del destino del mundo ahora vive el trasiego de turistas. En uno de sus frentes el Archivo de Indias, antes Casa de la Contratación, la zona “donde se escuchaba el sonido de una lengua que se estaba haciendo”.
Una manzana más abajo, hacia el río, la Casa de la Moneda, “lo más cervantino que se conserva, junto a las iglesias donde está guardado el siglo XVII”. Detrás, la Torre del Oro, donde fondeaban los barcos, donde la ilusión partía y los rezos por un buen viaje se compartían entre los que se iban y los que se quedaban. Donde las naos han sido reemplazadas por embarcaciones de turistas.
A su derecha, entrando por una de las calles del Arenal, la antigua playa de Sevilla, el Hospital de la Caridad. Al lado, las atarazanas sumergidas en el silencio y las sombras de sus arcos de ojivas. En la esquina, el postigo del Aceite, una de las pocas puertas para entrar a la ciudad que se conservan. Culebreando un poco la antigua cárcel, donde estuvo un día Cervantes y donde en la novela de Trapiello durmió su escudero, solo hay una placa.
Detrás, la Plaza de San Francisco con su palmera solitaria, bajo cuya sombra está la escultura de quien da origen a todo esto, don Miguel de Cervantes Saavedra.

jueves, 13 de noviembre de 2014

FRENAR EL GALOPE



Irene Sánchez Carrón nació en Navaconcejo en 1967. Es profesora de Inglés de Educación Secundaria en el IES "Norba Caesarina". Ha ganado algunos premios regionales (Valbón en Valencia de Alcántara; Hermanos Argensola en Barbastro) y nacionales. Así obtuvo el Premio Adonais en 1999 por Escenas principales de un actor secundario. Nos gustan sus libros editados en De La Luna Libros, y sus Sevillanas y sus Atracciones de feria. Y sobre todos Ningún mensaje nuevo. En 2010 leímos El escondite, que reúne los que fueron sus dos primeros poemarios. 

Hoy, que es otoño  y las hojas de los árboles caen a nuestro lado, releemos este poema:


EN LOS PARQUES
En otoño era fácil darnos a la emoción
de deambular sin rumbo y disfrutar pisando
las hojas en los parques.

Fue antes de que supiéramos que sólo caen las hojas
secas, envejecidas, amarillas y muertas,

como marchitas páginas.

Si fuésemos capaces aquí, en este momento,

de sujetar las riendas y frenar el galope,

sin querer llegar nunca,

acariciando el suelo, el aire acariciándonos,

sin saber hacia dónde, sin pensar en el cuándo,

sin final ni principio,

y en un girar continuo de palabras al viento,

cerrar todos los libros, quedarnos detenidos,

tender el alma al sol
tenue de los recuerdos que alguna vez quemaron
los labios y los ojos, y que ya sólo son
desorden de papeles.

miércoles, 12 de noviembre de 2014

NO TENGO AMISTADES DE PIEDRA


Luisa Castro  nació en Foz (Lugo) en 1966. Es escritora y columnista en lenguas gallega y castellana. Actualmente es Directora del Instituto Cervantes en Nápoles. Publicó sus primeros artículos en El Progreso y El Faro de Vigo a los 16 años. A los 19 años recibe el premio Hiperión de Poesía. Empieza entonces una colaboración semanal con el ABC, y se traslada a Madrid, donde también colabora como articulista en El País, El Mundo y en diversos medios de comunicación. Se licencia en Lingüística en  la Universidad Complutense. En 1990 recibe el Premio Rey Juan Carlos de Poesía, y publica su primera novela El Somier, que es finalista del Premio Herralde ese año. A partir de entonces diversifica su carrera como novelista y poeta, y amplía sus estudios en Urbino (Italia)y en Nueva York, a donde se traslada en 1993 con una beca Fulbright para realizar estudios de cine. A su vuelta de Nueva York vive en Barcelona, donde imparte clases de Adaptación Cinematográfica en el Institut d´Humanitats y trabaja como jefa de prensa en la editorial Ronsel. En el año 2001 colabora con el Consello da Cultura Galega y comienza una colaboración con La voz de Galicia. Recibe el premio Azorín por su novela El secreto de la lejía. Leamos su poema

CASI MEDIODÍA

I
Pero te dejo ir, te marchas, y yo ya no recuerdo
si debo sufrir, si es mi hora, mi llanto,
mi Penélope,
mi asiento duro y fácil
de tejedora a la sombra de una espera inconmovible:
te dejo ir y la mañana
cae espesa y ruidosa,
se postra en mis pasillos,
invade las cocinas y yo ya no te amo
porque no, no es del todo cierto un dolor tan constatable.

Te dejo ir y avanzas confusamente entre los parques,
estropeándolo todo con las huellas de
tus botas
grandes de soldado rubio.
Te vas a la guerra y decir miedo,
verte desaparecer diciendo hambre,
verte caminar con la muerte sonriéndote en la espalda,
prostituta de quince minutos estrechos
en la primera esquina, junto
a la tienda de puñales.

II
Y no, no es del todo cierto un dolor tan apreciable
porque hay una cosa entre los frigoríficos
que se llama resurrección
y cada hora decapitada, cada segundo
mutilado, cada vinculación ahí afuera
supone que los perros van a desaparecer algún día
con su fidelidad que traiciona rebaños,
con su estúpida conducta de amor incondicional y severo.
No es del todo cierto eso de que yo sufra,
pregúntale a una esfinge sin brazos
y con la nariz incompleta
si me ha visto pasar con lágrimas y duelo.
Quieren responderte con la misma frase lapidaria,
hija de siglos,
¡ah!, qué terrible llanto las cariátides, qué terrible llanto,
pero yo
no pertenezco a la historia
y no tengo amistades de piedra.
Yo, dulcemente, he llegado a la desmesura del amor,
a la cintura estrechísima de la soledad, dulcemente,
etcétera,
y mi alma alargada por el uso, estirada
y ensanchada
por los viajes fugitivos de tu cuerpo
acumula el aire y flota,
mi alma floja, preguntándose
qué es esa cosa de que te miren
todas las ciudades, te acojan todas las
Venecias.

martes, 11 de noviembre de 2014

GEORGINA SÍ PASÓ POR AQUÍ


RAFAEL ALBERTI Y EL SURREALISMO

Hoy traemos a clase este poema de Rafael Alberti, como ejemplo de poesía surrealista que los poetas de la Generación del 27 hicieron a partir de 1925. Recuerda que Buster Keaton es uno de los actores cómicos norteamericanos más importante del cine mudo. El cine fue tema poético para otros poetas como Jorge Guillén ("Caballos en el aire") en su Cántico o Pedro Salinas (“cinematográfico”) en su libro Seguro azar.
          



  Este poema lo hemos leído en el libro de Alberti Yo era un tonto y lo que he visto me ha hecho dos tontos. Aquí se habla de Georgina, la protagonista de La quimera del oro. Recuerda también que la vaca Ojos Castaños es la novia de Keaton en Mi vaca y yo, película de 1925.
Diviértete leyéndola:



BUSTER KEATON BUSCA POR EL BOSQUE A SU NOVIA, QUE ES UNA VERDADERA VACA
1, 2, 3 y 4
En estas cuatro huellas no caben mis zapatos.
Si en estas cuatro huellas no caben mis zapatos,
¿de quién son estas cuatro huellas?
¿De un tiburón,
de un elefante recién nacido o de un pato?
¿De una pulga o de una codorniz?
(Pi, pi, pi.)
¡Georginaaaaaaaaaa!
¿Dónde estás?
¡Que no te oigo Georgina!
¿Qué pensarán de mi los bigotes de tu papá?
(Papáááááá.)
¡Georginaaaaaaaaaaa!
¿Estás o no estás?
Abeto, ¿dónde está?
Alisio, ¿dónde está?
Pinsapo, ¿dónde está?
¿Georgina pasó por aquí?
(Pi, pi, pi, pi)
Ha pasado a la una comiendo yerbas.
Cucu,
el cuervo la iba engañando con una flor de reseda.
Cuacua,
la lechuza, con una rata muerta.
¡Señores, perdonadme, pero me urge llorar!
(Guá, guá, gua)
¡Georgina!
Ahora que te faltaba un solo cuerno
para doctorarte en la verdaderamente útil carrera de ciclista
y adquirir una gorra de cartero.
(Cri, cri, cri, cri)
Hasta los grillos se apiadan de m
y me acompaña en mi dolor la garrapata.
Compadécete del smoking que te busca y te llora entre aguaceros
y del sombrero hongo que tiernamente
te presiente de mata en mata.
¡Georginaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!
(Maaaaaa).
¿Eres una dulce niña o una verdadera vaca?
Mi corazón siempre me dijo que eras una verdadera vaca.
Tu papá, que eras una dulce niña.
Mi corazón, que eras una verdadera vaca.
Una dulce niña.
Una verdadera vaca.
Una niña
Una vaca.
¿Una niña o una vaca?
O ¿una niña y una vaca?
Yo nunca supe nada.
Adiós, Georgina.
(¡Pum!)

lunes, 10 de noviembre de 2014

LEEMOS PAR NUESTROS INVITADOS



Federico García Lorca es seguramente nuestro poeta contemporáneo más universal. A partir del libro Poeta en Nueva York, el empleo del simbolismo es más frecuente en la obra del poeta granadino. Es este simbolismo el que nos coloca a tono con la corriente superrealista, hundiéndose en los problemas del inconsciente. Es preciso señalar que el simbolismo de esta colección es completamente diferente del simbolismo del resto de su obra poética, que evoca una realidad concreta y objetiva. Poeta en Nueva York generalmente se ha considerado obra surrealista, aunque García Lorca decía que es un libro de "clara conciencia". Leemos este poema:



El rey de Harlem

Con una cuchara
arrancaba los ojos a los cocodrilos
y golpeaba el trasero de los monos.
Con una cuchara.

Fuego de siempre dormía en los pedernales,
y los escarabajos borrachos de anís
olvidaban el musgo de las aldeas.

Aquel viejo cubierto de setas
iba al sitio donde lloraban los negros
mientras crujía la cuchara del rey
y llegaban los tanques de agua podrida.
Las rosas huían por los filos
de las últimas curvas del aire,
y en los montones de azafrán
los niños machacaban pequeñas ardillas
con un rubor de frenesí manchado.

Es preciso cruzar los puentes
y llegar al rubor negro
para que el perfume de pulmón
nos golpee las sienes con su vestido
de caliente piña.

Es preciso matar al rubio vendedor de aguardiente
a todos los amigos de la manzana y de la arena,
y es necesario dar con los puños cerrados
a las pequeñas judías que tiemblan llenas de burbujas,
para que el rey de Harlem cante con su muchedumbre,
para que los cocodrilos duerman en largas filas
bajo el amianto de la luna,
y para que nadie dude de la infinita belleza
de los plumeros, los ralladores, los cobres y las cacerolas de las cocinas.

¡Ay, Harlem! ¡Ay, Harlem! ¡Ay, Harlem!
No hay angustia comparable a tus rojos oprimidos,
a tu sangre estremecida dentro del eclipse oscuro,
a tu violencia granate sordomuda en la penumbra,
a tu gran rey prisionero, con un traje de conserje.

Tenía la noche una hendidura y quietas salamandras de marfil.
Las muchachas americanas
llevaban niños y monedas en el vientre
y los muchachos se desmayaban en la cruz del desperezo.
Ellos son.
Ellos son los que beben el whisky de plata junto a los volcanes
y tragan pedacitos de corazón por las heladas montañas del oso.

Aquella noche el rey de Harlem con una durísima cuchara
arrancaba los ojos a los cocodrilos
y golpeaba el trasero de los monos.
Con una cuchara.
Los negros lloraban confundidos
entre paraguas y soles de oro,
los mulatos estiraban gomas, ansiosos de llegar al torso blanco,
y el viento empañaba espejos
y quebraba las venas de los bailarines.

Negros, Negros, Negros, Negros.

La sangre no tiene puertas en vuestra noche boca arriba.
No hay rubor. Sangre furiosa por debajo de las pieles,
viva en la espina del puñal y en el pecho de los paisajes,
bajo las pinzas y las retamas de la celeste luna de cáncer.

Sangre que busca por mil caminos muertes enharinadas y ceniza de nardo,
cielos yertos, en declive, donde las colonias de planetas
rueden por las playas con los objetos abandonados.

Sangre que mira lenta con el rabo del ojo,
hecha de espartos exprimidos, néctares de subterráneos.
Sangre que oxida el alisio descuidado en una huella
y disuelve a las mariposas en los cristales de la ventana.

Es la sangre que viene, que vendrá
por los tejados y azoteas, por todas partes,
para quemar la clorofila de las mujeres rubias,
para gemir al pie de las camas ante el insomnio de los lavabos
y estrellarse en una aurora de tabaco y bajo amarillo.

Hay que huir,
huir por las esquinas y encerrarse en los últimos pisos,
porque el tuétano del bosque penetrará por las rendijas
para dejar en vuestra carne una leve huella de eclipse
y una falsa tristeza de guante desteñido y rosa química.

*

A la izquierda, a la derecha, por el sur y por el norte,
se levanta el muro impasible
para el topo, la aguja del agua.
No busquéis, negros, su grieta
para hallar la máscara infinita.
Buscad el gran sol del centro
hechos una piña zumbadora.

El sol que se desliza por los bosques
seguro de no encontrar una ninfa,
el sol que destruye números y no ha cruzado nunca un sueño,
el tatuado sol que baja por el río
y muge seguido de caimanes.

Negros, Negros, Negros, Negros.

Jamás sierpe, ni cebra, ni mula
palidecieron al morir.
El leñador no sabe cuándo expiran
los clamorosos árboles que corta.
Aguardad bajo la sombra vegetal de vuestro rey
a que cicutas y cardos y ortigas turben postreras azoteas.
Entonces, negros, entonces, entonces,
podréis besar con frenesí las ruedas de las bicicletas,
poner parejas de microscopios en las cuevas de las ardillas
y danzar al fin, sin duda, mientras las flores erizadas
asesinan a nuestro Moisés casi en los juncos del cielo.

¡Ay, Harlem, disfrazada!
¡Ay, Harlem, amenazada por un gentío de trajes sin cabeza!
Me llega tu rumor,
me llega tu rumor atravesando troncos y ascensores,
a través de láminas grises
donde flotan tus automóviles cubiertos de dientes,
a través de los caballos muertos y los crímenes diminutos,
a través de tu gran rey desesperado
cuyas barbas llegan al mar.