sábado, 12 de marzo de 2016

LAS OBRAS DE LA ACADEMIA

La Academia Española de la Lengua, y sus hermanas,  llega al Congreso de la Lengua Española de Puerto Rico con mucho trabajo hecho: la Ortografía de la Lengua Española, de 1999; el Diccionario de 2001; el Diccionario panhispánico de dudas, de 2004; la Nueva gramática de la lengua española, de 2009, así como su edición más llevadera, la Nueva gramática básica, publicada en 2011; también el Diccionario de americanismos de 2010, y la Ortografía de 2010, el Diccionario de 2014, y su versión digital. Además la importante tarea de los Congresos de la Lengua y de la Fudéu. Nos lo cuenta con detalle Álex Grijelmo en El País:

CONGRESO DE LA LENGUA ESPAÑOLA

El español es una suma

Las Academias de la Lengua han hecho en los últimos años un sólido trabajo por la unidad del idioma

El entonces director de la Real Academia Española, Víctor García de la Concha, recibía el 11 de marzo de 2009 en su despacho a una delegación del sultanato de Omán, formada por dos clérigos y dos diplomáticos. ¿Qué pretendía tan singular embajada? Algo sorprendente. Estaban allí para conocer la experiencia de la institución española de modo que les sirviera a ellos para promover la Academia de la Lengua Árabe en su país y favorecer luego la creación de una red de academias de ese idioma, según coincidieron en señalar fuentes de la institución española y de la embajada omaní. El nacimiento de la academia de Omán elevaría a cuatro las entidades similares de aquella lengua, pues ya estaban constituidas las de Siria, Egipto y Jordania.

A la delegación arábiga le interesaba saber cómo se armonizan el español general y las distintas variedades del idioma en cada país hispanohablante; y cómo se manejan esas diferencias en las obras que publica la Academia española.

Los representantes de Omán casi se cruzaron con un delegado del presidente de la República Francesa, que una semana antes había visitado también a García de la Concha para preguntarle cómo habían conseguido organizar la “hispanofonía”, término que él utilizó. Y años más tarde, el mismo camino tomaría el ministro de Cultura portugués que deseaba interesarse asimismo por la red de Academias del español.

Todos ellos tenían realmente un ejemplo en el que fijarse, porque el español es una lengua muy homogénea, unida en su inmensa y rica variedad. Una de las lenguas más cohesionadas del mundo. Muy lejos de las profundas hendiduras que se dan en el ámbito del árabe, del chino o incluso del portugués. Una lengua unida además por razones culturales y que hace sentirse hermanos a sus hablantes (algo que quizá no ocurre en todos los ámbitos del inglés). La docta casa se ha transformado en los últimos decenios, y ya hace mucho tiempo que abandonó su conservadurismo tradicional en todos los órdenes, su hispanocentrismo madrileño, su lentitud, su machismo.

Los limones todavía eran amarillos en la edición del Diccionario de 1992 (a pesar de que en toda América tienen color verde), y el matrimonio se definía aún en 1970 como algo “de por vida” (aunque el divorcio estuviera legalizado en muchos países hispanos). Pero la publicación de nuevas obras en los últimos años ha servido para situar a la Academia en la modernidad; y la colaboración entre las 22 instituciones hermanas (que serán 23 cuando se incorpore oficialmente la de Guinea Ecuatorial) ha instalado el panhispanismo en todas ellas.

Aunque todavía quedan algunos tramos por recorrer y avances por completar, el camino andado durante los últimos decenios por la institución fundada en el siglo XVIII ha constituido un impulso muy perceptible en todos los ámbitos del idioma.

Y todo ello, sin perder la autoridad otorgada libremente por la mayoría de los 500 millones de hablantes. Hasta tal punto se ha producido esta identidad que la gente dice “esa palabra no existe” si no la encuentra en el Diccionario.

Obras en colaboración
La colección de obras académicas se ha ampliado en la última década hasta conformar una biblioteca de consulta y ayuda que resuelve ya todas las dudas. El primer gran paso para llenar la nueva estantería del idioma español lo dan las Academias con la Ortografía de la lengua española en 1999. No todas participan con la misma intensidad, y ciertos errores dejan entrever descuidos en la supervisión de algún país que otro; o quizás las prisas. Pero ahí nació la primera gran obra panhispánica.

La nueva edición del Diccionario dos años después, en 2001, incorporó a su vez 6.000 americanismos, entre ellos engentarse (sentirse agobiado por una multitud de gente), achicopalarse (achicarse, disminuirse ante algo que consideramos superior) o trancón (embotellamiento en Colombia). Pero aún faltaban muchos más.

Esa colaboración entre las distintas Academias mejorará luego en el largo proceso que conduce al Diccionario panhispánico de dudas, que vio la luz finalmente en 2004 y contó no sólo con el apoyo de todas las Academias, sino también con el respaldo de los principales medios de comunicación del mundo hispano, que aceptaron hacerlo suyo y seguir sus recomendaciones. Esta obra recoge asimismo las variedades americanas, aunque con sensibilidad todavía mejorable en algunos ejemplos.

La antigua gramática de 1931 (llamada con humildad Esbozo de una nueva gramática española) no se libraba tampoco de aquel hispanocentrismo de la época, pues apartaba los usos de América del lugar que merecían. Pero eso también quedó subsanado y mejorado con la imponente Nueva gramática de la lengua española (2009), así como su edición más llevadera (la Nueva gramática básica), publicada en 2011.

Las Academias americanas también han hecho su propio trabajo conjunto, y lanzaron en 2010 el Diccionario de americanismos, que recoge las distintas variantes del español en aquel continente, con expresión de los países donde se usa cada término. Reúne 70.000 voces, con 120.000 acepciones.

A partir de ahí, la colaboración entre las 22 instituciones del español ya casi deja de ser noticia, y entre todas ellas alumbrarán con normalidad las siguientes revisiones de todas las obras académicas. No sin polémicas a veces, como las que rodearon a la Ortografía de 2010. Tales discusiones trascendieron el ámbito de los académicos, porque también se animaron a entrar en el debate escritores, periodistas, traductores y, por supuesto, muchísimos hablantes.

Entre otras transformaciones, esta nueva edición de la Ortografía recomendaba retirar la tilde al adverbio “sólo”, cambiaba el nombre “y (griega)” por “ye” y eliminaba la letra q de una palabra si no la acompañaba, pegadita, la última de las vocales en función muda (como sucede en “queso”); lo que convertía el viejo “quórum” en el moderno “cuórum”.

La intensidad de la discusión podía entenderse como una grieta en la unidad del idioma y en el respeto a las Academias, pero también mostraba con claridad la vinculación emocional que puede desatar una simple rayita sobre la oronda letra o de “sólo”. Y además no llegó la sangre al río, pues se trataba de una recomendación.

La misma expectación rodeó el estreno del último Diccionario, publicado en 2014. Esta 23ª edición incluye 93.111 entradas (frente a las 88.431 de la anterior), con 195.439 acepciones; se introdujeron 140.000 enmiendas, que afectaron a 49.000 voces. Y los americanismos (gracias al trabajo previo de todas las Academias) suman ya 19.000.

A toda esa labor que se plasma en libros (con sus respectivos accesos a través de Internet) hay que añadir dos elementos más, uno de amplísima repercusión internacional cada tres o cuatro años y otro de carácter más diario, inmediato y percutiente: los congresos de la lengua y la Fundéu.

Los Congresos de la Lengua Española han constituido una gran caja de resonancia. En ellos se presentaron todas esas obras académicas y se han tendido unas sólidas redes de relaciones personales para el intercambio de conocimientos entre escritores, lingüistas, periodistas, editores… de todo el mundo hispánico.

La Fundéu (Fundación del Español Urgente) se creó en 2004 a iniciativa de la agencia Efe (a partir de su Departamento de Español Urgente) con el patrocinio del BBVA y la tutela de la Academia española. Su misión consiste, desde que fue creada, en aconsejar con rapidez a todos los periodistas ante las nuevas dudas y dificultades que encuentran cada día, pero enseguida amplió su ámbito (gracias a las nuevas tecnologías) para comunicarse con millones de hispanohablantes. Presidida por el director de la Academia, cuenta con un consejo asesor formado por académicos, filólogos y periodistas, y sigue en sus recomendaciones los criterios de esa institución. Los periódicos, las cadenas de televisión y de radio ya se han acostumbrado a recibir las respuestas rápidas de la Fundéu, y a contar con ella como un compañero más de la Redacción.

Todas estas herramientas han ido cimentando un armazón muy sólido (porque se construyó despacio) que hoy en día nos permite disponer de una lengua común muy homogénea, cuya rica diversidad no impedirá nunca que dos hispanohablantes se entiendan a la perfección entre sí ni que, al mismo tiempo, pasen un rato divertido contándose sus diferencias léxicas. Poco a poco, todo el mundo hispánico (y España quizá con más retraso) ha asumido con naturalidad la frase proclamada por el historiador de la lengua mexicano Antonio Alatorre: “El español es la suma de todas las maneras de hablarlo”.

Así que aquellos señores llegados desde el sultanato de Omán hicieron muy bien en visitar la Real Academia.


ESPAÑOLARIO


Como ya comienza el Congreso de la Lengua en Puerto Rico, recogemos de El País este
‘Españolario’ de autor
De América a zarrapastroso pasando por dinero o fútbol, 27 lingüistas y escritores de las dos orillas del Atlántico retratan un idioma que pone distintas músicas a las mismas letras

Laura Restrepo AMÉRICA


A
AMÉRICA Nos tocó en suerte llamarnos América en honor a un personaje ambiguo e incierto, un tal Américo Vespucio que bien pudo haber sido espía, fabulador, tratante de esclavos o comerciante, y de cuyos dudosos hechos el más improbable es que alguna vez haya realmente visitado el Nuevo Mundo. Vaya capricho del destino, con tanto viajero ilustre y descubridor insigne que en efecto nos puso encima la bota. Y pensar que por Rodrigo de Triana, el jovenazo que de primeras nos divisó y señaló con el índice, hubiéramos podido llamarnos más bien La Trianera. Bartoloma o La Bartola, y en el peor de los casos El Caserío, por Bartolomé de las Casas. Cristosfera por Cristóforo, o de una buena vez Colonias en derivación de su apellido. La Cortesana por Hernán Cortés. La Pizarra por Francisco Pizarro. La Gonzalona, Jimenea o Quesería por Gonzalo Jiménez de Quesada. Esos al menos hubieran sido nombres anclados en la historia. Pero no. Nos ganamos porque sí el apócrifo pero sonoro nombre de América.
Laura Restrepo, escritora colombiana, autora de Pecado (Alfaguara).

Alberto Manguel BIBLIOTECA


B
BIBLIOTECA Sitio que aloja la memoria de una sociedad o de un lector (hable español o cualquier otra lengua). El arquetipo de toda biblioteca es la mítica Biblioteca de Alejandría, de la cual no sabemos casi nada, salvo su famosa ambición de coleccionar todos los libros del mundo. Las responsabilidades de una biblioteca son: atesorar documentos (no solo libros) sin meramente acumularlos, clasificar racionalmente tratando (en lo posible) de no censurar lo que clasifica, ser generosa, facilitar a todo lector (con las precauciones necesarias) el acceso a sus fondos, merecer la lúcida advertencia que llevaba sobre su pórtico una antigua biblioteca de Egipto: “Clínica del alma”.
Alberto Manguel, director de la Biblioteca Nacional de Argentina.

Claudio Tolcachir CHE


C
CHE Che es de esas melodías que se meten en la sangre desde pequeños, como el mate y el tango, y que se incorporan a la cultura con naturalidad. Una muletilla telúrica que sirve para llamar, reprender, agradecer, compartir. Una expresión lo suficientemente flexible como para expresar intenciones opuestas. Pero sobre todo es una expresión de pertenencia. Si puedo decirte che es que un grado de confianza estamos creando. Es como compartir un mate. La distancia se estrecha y es más probable que podamos entendernos. Yo personalmente me pongo más porteño cuando estoy fuera de mi país. Y poder decirle a alguien che me ayuda a sentir que hablamos el mismo idioma. Y mucho más cuando veo que alguien de otro país la adopta. Seguramente en su sonido hay algo directo y un poco irrespetuoso. Como un salto al vacío de la comunicación. Un permiso violento de imprimir complicidad. Y sin duda es una expresión que nos acompaña y trasciende las generaciones. En un país tan voluble a la invasión cultural, el che es una trinchera inconsciente de nuestra identidad.
Claudio Tolcachir, actor, dramaturgo y director de teatro argentino.

José Luis García Delgado DINERO


D
DINERO El español es un activo económico al que su condición de segunda lengua de comunicación internacional le procura réditos “contantes y sonantes”: tanto por su aporte al valor de la producción de bienes y servicios (16% del PIB) como por ser factor multiplicador (por 4 y por 6, respectivamente) de intercambios comerciales y flujos financieros (lengua común que facilita tratos y contratos), es importante fuente de riqueza dineraria, cuyo futuro ha de afrontar exigentes retos, pues en un mundo globalizado el partido se jugará en los campos de la fortaleza del tejido productivo, de la investigación científica y de la calidad institucional.
José Luis García Delgado, catedrático de Economía de la Universidad Complutense de Madrid y coautor del libro Valor económico del español (Ariel).

Ángel Gabilondo EDUCACIÓN


E
EDUCACIÓN En el aprendizaje de la lengua, cabe enseñar y transmitir el cuidado de la palabra. Educar ya desde el hogar para hablar, leer y escribir bien es decisivo para el adecuado ejercicio de la libertad y la convivencia. Y dominar la lengua materna es condición para el plurilingüismo. En la literatura, las artes, la cultura y la ciencia late y vive una forma de comprenderla, un legado que hemos de recrear. Singularmente, con la lectura, la escritura, el libro, las nuevas tecnologías y la conversación se propicia el amor y el conocimiento de la lengua española. Y nada sustituye al profesorado, al aula y a la biblioteca.
Ángel Gabilondo, catedrático de Filosofía en la Universidad Autónoma de Madrid. Fue ministro de Educación de España entre 2009 y 2011.

Juan Villoro FÚTBOL


F
FÚTBOL El fútbol es el juego mejor repartido en el planeta. El poeta Antonio Deltoro lo define como “la venganza del pie sobre la mano”. La especie que se desarrolló gracias al cerebro, al ojo y al pulgar oponente, vuelve al origen pateando una pelota. No hay actividad física más democrática: solo ahí alguien pequeño puede ser Messi. La lengua se ha modificado con su impulso, incorporando el verbo “chutar” y el sustantivo “guardameta”, y expresiones que definen situaciones existenciales: “fuera de lugar”, “autogol”, “ponerse la camiseta”. Gracias al fútbol, “la mano de Dios” pasó de la teología a la picardía. Es la única forma de la épica donde un 0-0 puede resultar extraordinario y que acepta juzgarse mal a sí misma. El árbitro se equivoca tanto que el fútbol es un nítido reflejo de otro juego donde la justicia es relativa: la vida.
Juan Villoro, escritor mexicano, autor del libro de crónicas sobre fútbol Dios es redondo (Anagrama).

Manuel Gutiérrez Aragón GUION


G
 GUION Afortunadamente, pasaron los tiempos en que una película hablada en español como Tristana (1970), de Luis Buñuel, se estrenara en algunos países en francés con subtítulos en el idioma local. Una lengua no sólo tiene que ser hablada por muchos, sino tener prestigio original, aunque luego a la película la prefiramos doblada. Los encuentros, desencuentros y encontronazos cinematográficos entre el español de una orilla y otra han sido marcados más que por las palabras, por sus acentos. El acento mexicano o el argentino sólo se aceptaban en el español de España para la comedia, como es el caso del enorme éxito de Can­tinflas. Fue la película La tregua (1974), de Sergio Renán, con guion de Aída Bortnik sobre un relato de Mario Benedetti, una de las primeras en ser bien recibida “en argentino” en las salas españolas. Desde entonces, gracias al cine, los acentos y las palabras de allá y de acá enriquecen las pantallas y, fuera de ellas, ensanchan la patria del lenguaje. Aunque algunas veces leamos en algún guion: “¡Espera, bróder, hay que tomar la guagua brown!”.
Manuel Gutiérrez Aragón, director de cine, escritor español y académico de la RAE.

Daniel Samper Pizano HUMOR


H
Humor ¿Es el español una lengua adecuada para el humor? Sin duda, el doble sentido y las palabras con diversos significados regionales deparan inesperadas sonrisas. Diré, abusando del eufemismo, que, por ejemplo, la hija del pollo en España es la novia del pijo en Venezuela, y que, en la variada geografía del español, carro=coche=auto y caraota=fríjol=judía. Sin embargo, a la hora de reír influye más ese elemento cultural llamado sentido del humor que las travesuras de la lengua. No todos reímos de todo. Pero llevamos siglos riendo en el mismo idioma con Cervantes, Quevedo, Lope, Cantinflas y Les Luthiers.
Daniel Samper Pizano, escritor colombiano, autor de De mil humores (Temas de Hoy).

José Antonio Millán INTERNET


I
INTERNET es un ente extraño en español, no se sabe si es masculino o femenina; si se escribe con mayúscula o con minúscula. Es un contenedor (“lo encontré en Internet”) y también un canal (“lo recibirás por Internet”); es un espacio (“está por todo Internet”) y una propiedad de ciertos cacharros (“mi reloj tiene Internet”), un medio de comunicación (“lo dicen en Internet”). Los hispanohablantes somos los terceros en usuarios de la Red y en uso de Twitter, pero solo el 5% de los sitios visitados está en español. Consumimos más que producimos (por ejemplo, entradas de Wikipedia y subtítulos).
José Antonio Millán, escritor y editor digital español, autor de Internet y el español (Fundación)

Silvia Grijalba JERGA


J
JERGA Mucho le debe al rock ese uso del lenguaje para diferenciarse del resto de la sociedad. En los ochenta, Umbral y Ramoncín hicieron todo un estudio sobre el “lenguaje cheli”. Pero ahora palabras como heavy, rockero o punk han saltado de ser sustantivos a convertirse en adjetivos que incluso, en casos como heavy, en la RAE se aceptan para calificar algo “fuerte, tremendo” y no a un señor con cazadora de cuero y greñas. O, si decimos rockero, podemos estar hablando de un profesor de filosofía, un Antonio Escohotado, que tiene una actitud vital fuera de lo establecido. La jerga del rock deja de ser jerga, quizá porque el rock ya no es lo que era.
Silvia Grijalba, autora de Palabra de rock (Fundación José Manuel Lara).

Cristina Morales KAOS


K
‘KAOS’ Hay dos: el del boxeador, que tiene en su haber no sé cuántos kaos, propinados o sufridos; y el de los punkis, que, bien en la calle o bien en la sala de conciertos, provocan un kaos o se sirven de uno preexistente, en cuyo caso convierten —cambiando una sola letra— el caos (mero desorden) en kaos (herramienta revolucionaria). Lábilmente se confunde el kaos punki con el vandalismo, igual que se confunde el llegar muy cansado y tirarse en el sofá (“estoy kao”) con el kao del boxeador que cae en la lona. Ambos símiles pretenden neutralizar uno y otro kaos, limarle los picos a la “k” y embaucarnos, de nuevo, con la falacia pacifista.
Cristina Morales, escritora española, autora de Malas palabras (Lumen).

Leila Guerriero LITERATURA


L
LITERATURA ¿Qué le debe la lengua a la literatura en español, además de la obviedad de catedrales como el Quijote? Quizás el haber sido y ser una forma de contrabando eficaz, una arteria saludablemente intoxicada por la que circulan —en libros, en cómics, en periódicos—, giros y maneras (cutre, órale, chévere, aguacate: materia prima disímil formando un todo homogéneo) que sacuden el polvo y la caspa del idioma y lo vuelven brioso, incómodo, enervante; y quizás también el haber sido y ser un espacio donde tantos —Cabrera Infante y Cortázar y Nicanor Parra y etcétera— retorcieron el lenguaje hasta estrujarle sus más extremas posibilidades, perdiéndole respetuosamente el respeto, transformando el mármol de los próceres en un sitio apto para brincar con mucho donaire, y dejaron en herencia cosas tan fundamentales como, por ejemplo, la palabra “cronopio”.
Leila Guerriero, periodista argentina, autora de Frutos extraños (Alfaguara).

Jorge Volpi MACHISMO


M
MACHISMO “1. m. Actitud de prepotencia de los varones respecto de las mujeres”. Así lo define la RAE. Y lo practica. Porque el machismo está en la lengua. Desde el uso generalizado del masculino como neutro hasta la perspectiva de los redactores: pocas de nuestras academias están presididas por una mujer. Más grave es la realidad, donde las mujeres son víctimas de maltrato, de acoso y de condiciones laborales inferiores a las de los varones. ¿Cambiar la lengua? Cuanto sea posible, sin torcer su lógica. Y, sobre todo, usarla para que sus todos hablantes tomemos conciencia de la desigualdad.
Jorge Volpi, escritor mexicano, autor de Las elegidas (Alfaguara).

Inés Fernández-Ordóñez NEOLOGISMO


N
NEOLOGISMO Los neologismos son, como indica su etimología, voces nuevas. Neológicas son las palabras procedentes de otras lenguas (rap), las acepciones (tableta, “dispositivo electrónico”) o las voces inventadas para denotar nuevas realidades (quirófano o CD). Lo que un día fue un neologismo y se sintió como novedad en poco tiempo suele devenir palabra del acervo común. No tiene sentido oponerse a los neologismos, y menos en un mundo globalizado en que existe un contacto creciente entre las lenguas. La circulación de nuevas palabras es paralela a la de las ideas, los objetos o las personas. Sí, en cambio, cabe luchar por su rápida adaptación ortográfica (tuit mejor que tweet). Su primera salida antes del amanecer.
Inés Fernández-Ordóñez, académica de la RAE y directora del Corpus Oral y Sonoro del Español Rural (COSER).

José Manuel Sánchez Ron NUESTRA MEJOR TECNOLOGÍA


Ñ

Es posible recorrer Nueva York sin más bagaje que el español, pero en el extenso mundo del castellano es difícil entender anuncios, nombres de establecimientos y de todo tipo de artilugios sin saber inglés. Nos inundan los anglicismos, secundarios como somos en ciencia y tecnología, economía y política. Pero en esa competición entre lenguas, al menos podemos proclamar una victoria: la supervivencia “tecnológica” de nuestra letra más singular, la ñ, que expresa el sonido nasal palatal, inexistente en latín (y en inglés, alemán o francés), que surgió para representar grupos como gn, nn o ni. En realidad, fue una “guerra de ordenadores”: en 1991, la Comunidad Económica Europea recurrió la prohibición del Gobierno español de importar ordenadores en cuyos teclados no apareciese la ñ. Por una vez, hubo unanimidad en ambos lados del Atlántico: los idiomas no son cualquier cosa. No somos líderes en la creación de tecnología, pero vencimos a la fría lógica de uno de sus productos.
José Manuel Sánchez Ron, académico de la RAE y catedrático de Historia de la Ciencia de la Universidad Autónoma de Madrid.