domingo, 14 de junio de 2015

LEER PARA ENTENDER EL MUNDO

LA FIRMA INVITADA  de hoy en las páginas de Cultura de El País es el escritor Joaquín Bergés (Zaragoza, 1965), cuya última novela publicada en Tusquets es Nadie es perfecto.

El humor y la literatura

Alonso Quijano se convirtió en Don Quijote después de andar leyendo libros de caballerías. No es de extrañar. La literatura cala en nuestro intelecto plenamente, más que cualquier otro medio de ficción, quizá porque la lectura implica la culminación del trabajo interpretativo iniciado por el autor.

Un lector no es un espectador. No se sienta ante una pantalla para ver cómo unos actores profesionales representan una historia en un escenario concreto. Un lector da vida a cada uno de los personajes mientras lee, levantando la voz o hablando en susurros, interiorizando sus sentimientos y sensaciones, como si estuviera representado la acción en el escenario que previamente ha construido en su imaginación.

No creo que Alonso Quijano se hubiera quijotizado asistiendo como espectador a una representación de caballeros andantes. Lo que acabó con su cordura fue el hecho de interpretar, línea a línea y libro a libro, el papel de esos caballeros andantes.

A los lectores de Cervantes nos pasa algo parecido. Línea a línea nos quijotizamos leyendo El Quijote, mientras su agudo sentido del humor se incorpora a nuestra existencia y nos ayuda a entender el mundo desde un punto de vista más irreverente y lúcido.


La literatura dotada de humor influye en nuestro estado de ánimo, iluminándolo con sus frases brillantes, sus dobles sentidos, sus disparates y sus personajes surrealistas. Al fin y al cabo el humor no es más que un medio de deformar la realidad para hacerla absurda y risible. Y quienes se ríen de la realidad son tratados con frecuencia como unos locos.

Si necesita un profesor, humildemente, me ofrezco.


Es la última vez que Álex Grijelmo entrará en nuestra clase este curso. 

Será para ayudarnos a decir palabras nuestras. ¿Conoce adiestradorentrenadorpreparadorsupervisortutorinstructorasesor, o profesor? 

No creo que para eso necesitemos un coach, ¿verdad? Leamos juntos:



LA PUNTA DE LA LENGUA
El 'coach' que nos conduce

La palabra coach existe en inglés desde hace siglos. Al principio, se llamó con este término a un vehículo de tiro que transportaba pasajeros a larga distancia. Y por tanto, tal significado no queda lejos de nuestro coche de línea. De hecho, la palabra inglesa y la nuestra proceden del mismo origen: el vocablo húngaro kocsi (carruaje), tomado a su vez del nombre propio de una ciudad, Kocs, en la cual se construyó el primer coche de caballos dotado con ciertas modernidades, como la suspensión en las ruedas. Se trataba, en cualquier caso, de vehículos que llevaban a la gente a donde ésta desease, conduciéndola por el camino adecuado para alcanzar sin problemas su objetivo. Lo mismo que un entrenador.

El salto de significado estaba servido a nada que alguien utilizase coach como metáfora y que el hallazgo se extendiera entre los hablantes. En inglés ocurrió así.

El nombre de aquella ciudad húngara nos llega ahora escondido en los teleconcursos que contratan coaches para conducir a un aspirante a estrella. Y, por supuesto, también algunas personas nos vienen a contar que tienen un coach para comprar ropa o mejorar la forma física.

Y dicen coach a pesar de que hallaremos un porrón de términos equivalentes en español: adiestrador, entrenador, preparador, supervisor, tutor, instructor, asesor, profesor… Muchas palabras, sí, pero sin el mismo prestigio. Lo que se dice en inglés nos suele parecer más importante.

La publicidad alcanza en eso extremos de gran colorido. Hallé los siguientes ejemplos en un solo día de la prensa. Una firma española de joyería nos dice en un anuncio: Check it out on...; lo cual hará que los monolingües no echen un vistazo a nada; un banco que quiere implantarse entre nosotros tiene como reclamo people in progress, sin reparar en que la gente deberá progresar antes en inglés; una marca cuyo producto desconozco (el anuncio no dice de qué va) proclama que women are back (¿y adónde se habrían ido las mujeres, que no habían vuelto?); unos almacenes presentan la línea de decoración infantil Mini Home (de lo cual no debe deducirse que se trata de adecentar la caseta del perro); una empresa sitúa bajo su hispano nombre las palabras crazy for shoes since 1972 (pues sí, locos por los zapatos desde el año 1972, y por el inglés desde hace un rato); y un distribuidor de la moda ofrece su shop online, quizás porque le parecería vulgar vender ropa por Internet.

¿Qué nos está diciendo todo esto? Tal vez lo que muchos piensan al leer cada mensaje: “Ah, esto no lo entiendo. Está en inglés, así que debe de ser muy bueno”. Y de inmediato se van a contratar a un coach para que se lo recomiende.