lunes, 1 de febrero de 2016

ESCRIBA MÉXICO, Y NO MÉJICO, POR FAVOR

En su columna madrileña (Café de Madrid) de El País Jorge F. Hernánez escribe sobre cómo escribir México. Leemos:

México lleva X

Entre las batallas que libró Alfonso Reyes con su pluma a favor del idioma español y lengua castellana (que no es lo mismo, aunque parezca igual) están los párrafos donde explicó que los mexicanos llevamos la X en la frente. Es la equis de nuestra rica cultura mestiza, dual y polifacética, encuentro de mundos, pero también la X que despejamos todos los días en la enredada matemática de nuestra realidad revuelta entre tantas cosas buenas y la sangre de todos los días, la prosa impecable de los poetas y la cíclica corrupción de políticos impunes, etc.

México se escribe con X porque así hemos decidido que se escriba: heredera del vocablo en náhuatl con el que se hablaba en el mundo prehispánico, tanto como esa equis que sonaba a jota que se escribía en el español en tiempos de la Conquista. Ansí que el coxo que caminó por Anáhuac dixo su ley y traxo consigo muchas y asombrosas cosas… nos marca con esa jota que baila en la lengua y se encontró hace ya casi 500 años con una equis de igual sonido, que además se desdobla al utilizarse para decir Xoxhimilco, Oaxaca o Texcoco o Taxco, con ecos de ese y en sintonía con el encanto particular de los colores que se comen, los paisajes que parecen morados y la gente que habla cantando.

Insistir en escribirnos Méjico con la J conlleva una caspa trasnochada que le pierde el respeto no sólo al país que ya lleva más de dos siglos de vida independiente, sino a la propia España que ha tiempo dejó de imponer políticas allende su frontera. “Escribir Méjico es vulgarizar una presencia —decía Manuel Alvar— y aunque resuene a jota, lleva la X tatuada y “en jamás de los jamases, Méksico, porque este voquible repugnante nunca existió en bocas nahuas, ni en bocas españolas, ni en bocas mexicanas. Sólo los cantamañanas de la ignorancia nos dan a comulgar los yerros de su paletería”.


Llama la atención que allá por Coslada hay una calle llamada Méjico. El gazapo persiste en muchos puntos de España e incluso en boca de algún escritor célebre, pero ahora que la señá Carmena se ha propuesto limpiar el callejero de Madrid de viejos nombres ya en desuso, espero no sea mucho pedir que a México le pongamos la X que merece, no por tache ni por xoder, sino para recordar que hay jotas que se bailan con los brazos en alto.

AUN ASÍ NO SE LÍE

De nuevo Álex Grijelmo nos ilustra sobre cómo escribir en su LA PUNTA DE LA LENGUA del diario El País:

“Aún así” o “aun así”


Todos los periódicos incurren cada día en algún que otro fallo ortográfico, y quizás no haya manera humana de impedirlo. Unas veces sucede por despiste de un periodista, y otras por despiste de dos o tres (pues todo texto debería ser supervisado).

Le oí a Arsenio Escolar, director del gratuito 20 minutos, contar la respuesta que le dio el periodista Manolo Saco a Fernando Lázaro Carreter en el consejo editorial del ya desaparecido El Sol, cuando el académico protestaba ante el responsable de edición por los fallos en ese diario: “Don Fernando, las erratas son las últimas que abandonan el barco”. En efecto: puede ocurrir que desaparezca una publicación y que las erratas continúen escondidas bajo sus mesas polvorientas, a la espera de asaltar a un nuevo incauto.

Pero hay maneras de reducir los desatinos. Una de ellas puede consistir simplemente en que los redactores más despistados se fijen en la diferencia entre aún así y aun así, casi con seguridad la mayor fuente de pifias ortográficas en la prensa.

Porque la fórmula aún así (con tilde en la primera palabra) viene desplazando desde hace algunos años a la locución aun así, que casi siempre es la que corresponde.

Veamos un truco para recordar y distinguir. El adverbio aún (con acento ortográfico) equivale a todavía (con acento también). Y el adverbio aun (sin la tilde) equivale a incluso (igualmente sin ella). Por tanto, aquí las tildes se excluyen y se arriman para facilitarnos la labor: aun no necesita tilde si se sustituye por una palabra que tampoco la lleva (incluso). Y sí precisa del acento ortográfico si se puede sustituir por un vocablo que también lo tiene (todavía). La locución aun así comparte además el valor concesivo de a pesar de.

Otra pista para vadear el error: los dos términos de aun así no se pueden intercambiar, pero cuando toque decir aún así podremos alterar el orden: así aún.

La oración “no te aprobaré aun si estudias dos meses” significa “no te aprobaré incluso si estudias dos meses” (o “a pesar de que estudies…”). Es decir: por mucho que te lo propongas no te voy a aprobar el curso de solfeo porque tienes un oído deplorable. Mientras que “no te aprobaré aún si estudias dos meses” quiere decir “no te aprobaré todavía si estudias dos meses”. Por tanto, en esta ocasión sí te aprobaré, porque tienes buen oído, pero estudia más, anda.

Y si el escribiente no se aclara con todo lo dicho, será mejor que tire por la calle de en medio y, en la duda, quite la tilde: reducirá sus errores, pues la alternativa aún así se emplea muy poco. Desde luego, eso no significa que esté en desuso. Podría incluirse, por ejemplo, en esta frase: “Ya han pasado 41 días desde las elecciones, y seguimos aún así: sin que se haya negociado nada”.
(Y aun así parecen todos tan tranquilos).


ATENTOS Y ATENTAS, LECTORES Y LECTORAS

Pedro Álvarez de Miranda, que es catedrático de Lengua Española de la Universidad Autónoma de Madrid y miembro de la Real Academia Española, escribe esta Tribuna, artículo de Opinión en el diario El País para reflexionar sobre el desdoblamiento de los sustantivos por sus géneros. Atentos:
O todos o ninguno
Duplicar los sustantivos en masculino y femenino para evitar el sexismo lingüístico lleva, en ocasiones, a situaciones agotadoras

En El País del pasado 18 de enero se ha publicado un artículo escrito por una dirigente de un partido político. Se titula ¿legalidad o atropello democrático? Una propuesta para Pedro Sánchez. No voy a entrar en absoluto a opinar sobre su contenido —sí, tan solo, sobre el continente lingüístico—, por lo que el nombre de quien lo firma es lo de menos.

Pertenecen a él las dos siguientes frases: “Si las ciudadanas y ciudadanos han expresado con su voto…” y “con la misma razón podría cederles un diputado o diputada socialista de ida y vuelta”. En cuanto a la versión, más extensa, aparecida en la edición electrónica del periódico, contenía un ejemplo más —de los que aquí nos interesan— para añadir a aquellos: “Página [web] que cualquier lector o lectora puede consultar”.

El fenómeno del desdoblamiento o duplicación de elementos lingüísticos (sustantivos, por lo común) en masculino y femenino, en aras de un igualitarismo “de género” o, lo que es lo mismo, en deseada evitación del llamado sexismo lingüístico, es algo bien conocido, ha sido y es muy comentado —aquello de “los vascos y las vascas” que decía cierto lehendakari se ha hecho casi proverbial— y hasta denostado, bien que con escaso éxito.

En este artículo —que, por muy pedagógico que uno se ponga, tampoco servirá seguramente de nada— quería tan solo hacer ver a la autora de aquel, y a los amables lectores, que, en buena lógica, la duplicación solo tendría sentido si se llevara hasta sus últimas consecuencias, y se hiciera en todos los casos posibles: aquellos en que aparezca un masculino en tanto que “género no marcado”. Nada de quedarse a medias. Adelante, o todos o ninguno. Para ser plenamente coherente con su receta, la autora tendría que haber escrito:
         1.- En vez de “los grandes perdedores del 20-D”, “los grandes perdedores y las grandes perdedoras del 20-D”En vez de “culpabilizar a los demás de sus propios males”, “culpabilizar a los demás y a las demás de sus propios males”.
         2.- En vez de “el Rey recibirá a los representantes…”, “el Rey recibirá a los representantes y las representantes” (¿por qué vamos a excluir del desdoble a los pobrecitos artículos?). En la versión en línea se leía “a las personas representantes”, ¿opción elegida, acaso, para “solucionar” un presunto problema?
         3.- En vez de “no podrán formar grupo parlamentario separado los diputados que…”, “los diputados y las diputadas que…”.
         4.- En vez de “tener más de un portavoz”, “tener más de un portavoz o una portavoz”.
         4.- En vez de “no contraviene la norma aquel que no cumple lo que le es prohibido”, “no contraviene la norma aquel o aquella que…”.
         5.- En vez de “a los señores que están diciendo esto”, “a los señores y las señoras que están diciendo esto”.
         6.- En vez de “te presto un diputado y me lo devuelves”, “te presto un diputado o una diputada y me lo o la devuelves”.
         7.- En vez de “solo así se entiende que el PSOE preste […] un diputado”, “… preste […] un diputado o una diputada”.
         8.- En vez de “llegados a este punto…”, “llegados y llegadas a este punto…”.
         9.- En vez de “por si tres diputados le resulta demasiado gravoso…”, “por si tres diputados o diputadas…”.
         10.- En vez de “ceda usted un diputado”, “ceda usted un diputado o una diputada”.

Echemos cuentas: el texto publicado tiene 970 palabras. En la versión impecablemente no discriminatoria pasaría de las 1.000.
Una mínima observación más: donde la articulista escribió “las ciudadanas y ciudadanos” (las mujeres primero, decía una añeja norma de cortesía) y “un diputado o diputada” (nada, ahora, de rancias y suspectas galanterías), debería haber escrito “las ciudadanas y los ciudadanos” y “un diputado o una diputada”, pues cada género tiene derecho a su artículo. ¿Tanto despliegue de verbosidad para luego ponernos ahorrativos?

¿Agotador? Sí, pero todo sea porque no nos afeen un machismo intolerable. Ya puestos, vayamos a por todas (… ¡y todos!).


Otros detalles estrictamente lingüísticos del escrito de marras cabría comentar. Tan solo uno de ellos no me resigno a pasarlo por alto. “También diré”, leemos, “que a los señores que están decidiendo esto se la trae al pairo la legalidad”. Quería decir “… les trae al pairo la legalidad”. A la autora le han cruzado peligrosamente por la cabeza otras expresiones sinónimas que, también con el verbo “traer”, sí llevan “se la”, y que no enuncio aquí porque son una ordinariez. Como que el “la” de ellas, pronombre femenino, remite a cierto aparejo de la anatomía… masculina. Qué cosas.