domingo, 3 de abril de 2016

EL REVIENTAPELÍCULAS NOS HACE UNA... FAENA



Como tantos domingos, leemos la columna de Álex Grijelmo en El País. Y pensamos en aquellos que nos reventaron una película, que nos contaron el final de una novela. Tenemos nombres para ellos, algunos, estamos de acuerdo, no los podemos escribir aquí:
Hacer 'spoiler', vaya novedad
Sorprende que el anglicismo llegue ahora, después de tantos años en los que siempre hubo idiotas que nos contaban el final

Los anglicismos van y vienen, y a veces se quedan. Cuando sucede esto último, suelen pagar al genio del idioma el peaje de su adaptación gráfica al español, lo cual les da derecho a desarrollarse y formar familia. Por ejemplo, football se transformó en fútbol y procreó futbolista, futbolístico o futbolero. Nada que oponer ahora a esa voz que cubrió una casilla donde antes no había nada (aquello del balompié se alentó cuando el sitio ya estaba ocupado).

Sin embargo, llama la atención que circulen hoy tantos vocablos que dan codazos a expresiones previas más comprensibles y descriptivas. Quizás en su aceptación influyó el complejo de inferioridad de quien pronuncia palabras de un idioma que considera superior al propio; pero también se puede incurrir en ese tipo de anglicismo por contagio, desinterés o disipación.

Uno de los últimos barbarismos que se manejan entre periodistas y gente del cine es spoiler. Así, oímos con frecuencia, cuando se habla de una película: “Mi hermana me hizo spoiler”, “cuidado, que vas a hacer spoiler o “no sigo hablando para no hacer spoiler”, es decir: lo que antes referíamos con expresiones como “no me estropees el final”, “no me cuentes cómo termina” o “no me destripes la película” (destripar figura desde 1884 en el Diccionario con el sentido de anticipar el desenlace de un relato).

Cualquier hablante del idioma español sabe mirar dentro de cada una de esas palabras y comprender su raíz o su metáfora. Pero unos cuantos millones de ellos se quedarán perplejos ante el anglicismo, sin capacidad para relacionarlo con ningún otro vocablo de la familia.

Incluso quienes saben inglés pueden extrañarse. Porque spoiler es un sustantivo o un adjetivo formado a partir del verbo to spoil, que significa “estropear” o “echar a perder”. Por tanto, spoiler sería el “estropeador” o “el que echa algo a perder”. Así que al rogar “no me hagas spoiler” estamos diciendo “no me hagas estropeador” (cuando el que se hace de verdad estropeador es quien cuenta el final, no el que lo escucha).

Para cuando spoiler se refiere a la acción o el efecto, el español dispone de la alternativa destripe; y para suplir al adjetivo y al sustantivo (“hay que dar una colleja al spoiler”), tenemos reventador o, en neologismo comprensible por todos, “el destripapelículas” o “el revientafinales”.

Sorprende mucho que este anglicismo nos llegue ahora, después de tantos años en los que siempre hubo idiotas que destripaban el final del cuento, adelantaban quién era el asesino o anunciaban a voces el resultado del partido que uno dejó grabado.

Ahora que me viene a la memoria alguno de aquellos casos, recuerdo bien las palabras que pensé para nombrar al gracioso. Y ninguna de ellas era spoiler.